Zozobra - Imagen pública

Zozobra

Zozobra - Imagen pública
Zozobra – Imagen pública

por Marcos Solache

Que sea para bien…

Después de haber publicado la segunda edición de “La Sangre Devota”, la vida de López Velarde, se resume en cuatro años de mucha poesía.

Poco más de setenta poemas, más de las dos terceras partes de ellos, de origen completo en este corto tiempo.

Concluida la mitad de este periodo, sea pues el año 1919, publica su último libro en vida: Zozobra.

Este primer poema en cuestión, “Que sea para bien…”, es un recuerdo muy guardado de Fuensanta.

Por su alto tono profano, inclusive puedo suponer temor a publicarlo.

           Ya no puedo dudar… Diste muerte a mi cándida

            niñez, (…)

Lo comprueba el hecho de que la mujer, siempre fue para el poeta, una transposición religiosa.

Y quién sino Fuensanta, la que robó su niñez con olor a sacristía.

Aun el ultraje, y como claramente lo expresa el título, “Que sea para bien…”.

Esta expresión de sumisión ante lo perdido, o robado, demuestra humildad, uno de los valores más importantes que infunde la Iglesia Católica.

Así de nueva cuenta se comprueba que López Velarde, lleva la religiosidad a un plano profano, por colocar a la mujer como su dios cristiano.

Pero que todo sea para bien.

El poema cuenta con siete estrofas de metro irregular, aunque con rima clara.

Anotaré que lo moderno de López Velarde, aunque le pese al espíritu de Octavio Paz, quien por cierto lo consideró como un poeta medianamente grande, se debe a dos cosas:

La primera es que rompe con la convención del metro en muchos de sus poemas, aunque sin poderlo considerar como verso libre, ya que mantiene algunas nociones rígidas.

Por ejemplo, número de versos por estrofa, y en general no abandona el ritmo.

A lo anterior agregar la innovación en puntuación gráfica, al incrustar pausas cadentes en singulares versos.

En esta composición destaca el uso interno de tres puntos seguidos, o un doblete de guiones, realmente atinado.

Sobre esto repetir que tiene cortes abruptísimos en versos, esto para subrayar últimas palabras, o trastornar el ritmo.

Quizá lo segundo es que introduce un lenguaje metafórico con un considerable grado de abstracción personal.

Aunque nunca ha sido considerado un poeta culto, creo que tiene un manejo abundante de vocabulario.

Quizá en muchas veces no preciso, como lo demuestra en varias ocasiones José Emilio Pacheco.

Lo anterior lo convierte en un poeta de tiempo. Pero qué lo hace inmortal.

Ramón López Velarde - Imagen púbica
Ramón López Velarde – Imagen púbica

El sentimiento

Un punto a favor sobre la innovación de Velarde, y revisando un poco su correspondencia, me encuentro con que el último poema de Zozobra, “Humildemente”, por cierto el único de toda su poesía, dedicado a su madre y hermanas, figuras por todo importantísimas en su vida, fue hecho a deseo de los críticos.

Él mismo confiesa a Fernández Ledesma, que este poema es una creación limpia en técnica y brillantez, como para demostrar a los críticos, que él puede hacer que vean, lo que él quiere que vean.

Actitud de más soberbia del poeta, muy al contrario al perfil de valores que nos muestra en sus poemas.

Situación que nos aclara, que la poesía no es la verdad completa de una persona, por muy profunda y auténtica que sea.

Continuando el recorrido simbólico de este poema, me encuentro un par inscripciones altamente profanas.

El poeta no se detuvo en pequeñas comparaciones, sino que en esta ocasión es descarado a lo más.

            (…) Consumaste el prodigio

            (…), sustituir mi agua clara

            con un licor de uvas… (…)

Quién no recuerda el primer milagro del Nazareno, ahora en manos de Fuensanta.

Si bien todo es literario, subrayo todo, por jugar contra el Evangelista Juan, y pensar que él también poetizo al Hijo del Hombre; me parece que en esta ocasión hubo falta de respeto.

No solamente se queda en la Sagradas Escrituras, sino que abunda en la Tradición, y aventura.

            (…). Y mis ojos te ven

            apretar en los dedos – como un haz de centellas-

            éxtasis y placeres. (…)

 

Recordar aquí la imagen de la Virgen Inmaculada, extendiendo las manos, quizá ahí una ligera variación, pero manteniendo el haz de centellas, aunque profanando descaradamente que los que vienen de Fuensanta son de éxtasis y placeres, y sabido es que los que vienen de la Virgen son de caridad, fe y esperanza.

Las siguientes cuatro estrofas, dan un giro mórbido y oscuro, al colocar la imagen pálida de los últimos días de Josefa de los Ríos.

Ahora convertida en mujer volcánica.

            (…)

            Tu palidez volcánica me agrava.

                                    (…) ¿O, quizá,

            te quedaste dormida en la vertiente

            de un volcán, (…)

El final es un deseo por encontrarse en la vertiente de ese rostro cenizo, pero dador fulgurante de goce

Toda la poesía amorosa de Ramón, espera ser concluida en otro mundo, en lo que para él sería el Paraíso.

Como anotación final y quisquillosa, resalto una serie de sustantivos de la cuarta estrofa.

            (…); emoción, ave, sol…

Me llaman bastante la atención, porque es un estilo de enumeración que repite en el poema “La última odalisca” de 1919, mientras que “Que sea para bien…” está fechado en 1916.

Lo comento porque ciertamente, esta serie de palabras, refleja otro tono y madurez del poeta.

Quizá porque retocó este poema en los límites de la publicación de Zozobra.

 

Mendigo

 

Si bien, nunca se podrá alcanzar una idea completa y clara de lo que es una persona, puedo intuir, a través de diversos escritos, cualidades claras de Velarde.

Siempre he pensado que aquellas personas que leen por gusto, buscan un refugio alterno a la realidad, aunque su aportación, si bien importante, es realmente pasiva.

Efectivamente, aquellos que escriben, lo que sea y como sea que lo hagan, son factores activos en la transformación de la sociedad, y no porque sus escritos vayan a cambiar al mundo, sino porque están cambiando, radicalmente, ellos mismos.

Realmente no puedo imaginar un mundo donde todos sean escritores, porque sería un mundo mejor.

Sin más nostalgias, es muy clara la postura radical de Velarde.

Si bien sus poemas, no tienen ni vísperas revolucionarias, es muy claro, sobretodo en sus críticas y algunos otros escritos en prosa, su postura antigubernamental y en general pesimista del país.

Sobretodo después de que Carranza es asesinado, y Obregón se convierte en Presidente de la República; Velarde decide dejar su función auxiliar en Palacio de Gobierno, y así desentenderse completamente de las cuestiones burocráticas en sus últimos años.

Aprovecho para abundar que es injusto que se llame el Poeta de la Revolución Mexicana, cuando son muy claras dos cosas.

No es víctima directa de estragos de la guerra, y su referencia poética a este tiempo patriótico, es realmente muy poca, serán uno o dos los poemas que toquen suavemente el tema.

Algunos dirán que “La Suave Patria” lo vale todo para ser considerado como tal, pero esto lo discutiré en dos entregas más adelante.

Esto sin decir que su poesía fue personal, de sentimientos asfixiados, no de eventos políticos, ni mucho menos dadora de estandarte ideológico.

En “El Mendigo”, abusa, como en casi toda su poesía, del papel egoísta para vaciarse cósmicamente.

Es una pieza brillante por su tono personal, sufrido, y como en pocos, metafórico.

            Soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma

            de todos los voraces ayunos pordioseros;

            (…)

 

Me parece claramente que estamos frente a una confesión ante el Universo.

Muy pesimista, pero como cualquier pesimismo humano, rociado tenuemente de esperanza.

Recrea imágenes ya comentadas; como la espuma, eterna inexistente, o las cintilaciones de los luceros, explicativas de la intermitencia permanente, sea terrena o idílica.

Con cuatro estrofas largas, en esta ocasión no demuestra afinación estilística, más bien un vómito subyugado a su papel de mendigo en el amplio Cosmos, alargando la estancia en la gravedad universal carente de propósito.

Para embadurnarnos de esta pútrida sensación, abandona todo el poema en un escenario desértico: La Tebaida.

No pierde la similitud testamentaria, y esta vez hace uso de la tradición judía, y se coloca en la misma situación que el gran profeta Elías, sólo que a diferencia de este, Velarde es albureado por los cuervos que manda el Señor para alimentar al llevado en un torrente de fuego.

Interesante que agregue la flor y la mujer al alimento; y las defina como las cargas preciosas que su apetito no deja de saborear.

A todo este escenario, solamente una prueba ínfima, con el único propósito de seguir deseando.

            (…)

            y encima de mi sacro apetito no baja

            sino un pétalo, un rizo prófugo, una migaja.

            (…)

Aunque heteróclito, suave prueba de todo lo que desea el poeta.

Llama la atención que la mención final y nostálgica de la fuente, tonifica la despedida en el cadalso, digo yo, más deísta que de otra corriente religiosa.

Con esto volvemos a encontrarnos frente a un Velarde, como ya se había notado, fuertemente encaminado a deshacerse por cualquier medio de su raíz cristiana.

Para rematar “El Mendigo”, recibimos un fuerte y triste augurio en los tres últimos versos.

            (…)

            y la pródiga vida se derrama en falso

            festín y en el suplicio de mi hambre creciente,

            como una cornucopia se vuelca en un cadalso.

 Resumen poético de la filosofía Velardesca*, sobre el devenir de la existencia humana, cargada de bendiciones, como una cornucopia, aunque expuestas en un falso festín, con un hambre vacía y creciente.

Para que toda ilusión y hambre, terminen en la nulidad de la muerte.

*Algunos autores llaman a la corriente de Velarde, Velardesca, y otros Velardeana. A criterio del lector el gusto por nombrar de alguna especial manera.

Zozobra - Imagen pública
Zozobra – Imagen pública

Ánima adoratriz

Esteban Marcel, fue uno de los seudónimos que Velarde utilizó como firma en algunas notas políticas, consideradas por él de alto grado perturbador.

Sea dicho que el seudónimo es explícitamente afrancesado, y como recurso, cobardón claro.

López Velarde no fue perseguido político, ni sus notas levantaron una revolución.

Si acaso breves ofensas, o acidez consumada en el vericueto natural político periodístico de la época.

Todo quedó en una exageración, y por supuesto, en otra pista de la introspección del Zacatecano.

Razones y costumbres hay para suponer que la labor literaria va acompañada de timidez.

En el caso más leal porque se origina en la soledad e inconformidad a la realidad.

Esto en ocasiones, forma hombres o mujeres que prefieren esconder su realidad, porque encuentran en la realidad literaria un nombramiento distinto.

En ocasiones el seudónimo absorbe su vida entera, y el nombramiento literario desplaza el nombramiento civil.

Ejemplos hay muchos, y en lo personal los creo necesarios cuando vienen del lado místico; aunque a decir verdad, muchos son solamente por moda o admiración, siendo así, ridículos nada más.

En “Ánima adoratriz”, encontramos a un Velarde ensimismado, con un alto grado etéreo, personal, y a lo dicho, místico realmente.

Este poema tiene la firma de Ramón López Velarde, pero aquí aceptaría la de Esteban Marcel o Ricardo Wencer Olivares, porque realmente hay un desplazamiento claro de su poesía acostumbrada.

Once estrofas bien fincadas en rima y metro.

Cumpliendo todo y deseando ser para cualquiera, el poema total.

Lo logra o no, es relativo.

Quizá solamente anotar que la cuarta estrofa tiene una serie de enumeraciones locativas, más bien zafadas de la atmosfera total del poema.

Resaltar los tres importantes dísticos, aplicados como salidas de pausa, si bien no desfasadas, muy bien empleadas, sobretodo la primera y la tercera, ya que la segunda en realidad es un empalme encadenado a la primera.

Dos anotaciones sobre esta estructura:

La primera es que en el tercer dístico, utiliza el galicismo droláticas, ni siquiera registrado en el Diccionario de la Real Academia Española.

Aunque bien de amplio uso poético; en caso de Velare, reafirma su influencia francesa.

La segunda es que en Zozobra hay un poema dedicado a esta estructura, “Fábula Dística”, y subrayar que en “La Suave Patria” es bien acompasado, pero sobretodo no abusado en empleo.

Sin duda llamó profundamente la atención en el poeta, por su característica de inserción, y en mi punto de vista, compás alternativo.

Ahí otra pista moderna.

“Ánima adoratriz” es el camino a la huesa.

La última confesión.

Corriendo a ella, desangrado, esperando la crucifixión sobre un charco de sangre que no lavará.

Sin mirar atrás llegará a la casa de niño, dejando un camino rubí, pesimista de lo que ha hecho.

Fatalidad total.

Un poema realmente triste, y realmente genial.

            (…)

            Mi única virtud es sentirme desollado

            en el templo de la calle, en la alcoba y el prado.

            (…)

 

Aunque hay una ligera insinuación a la mujer en la primer estrofa, este poema se olvida en su mayor instante del fantasma castigador de su vida.

Es el momento del llamado a la otra vida, y quiere hacerlo por medio de su más grande pasión: la poesía.

            (…), mi corazón se inmola

            para hacer un empréstito sin usuras aciagas

            (…)

Fue costumbre de Ramón, acompañar sus poemas de preguntas, y este no es excepción.

Su poesía nació como una cuestión sobre el porqué le sería imposible alcanzar el amor, el reconocimiento.

Sobre por qué él, el destinado a ser abogado, político, o cualquier puesto de noble estirpe, tiene que ser un desgraciado poeta.

            (…)

            ¿Qué brújula se imanta de mi sino?

            (…)

            ¿Qué lecho esquimal pide tibieza en su tramonto?

            (…)

Aun aturdido de dudas, el poeta está listo y pronto para la hora de partir, que dicho sea de paso, será en dos prontos años.El presagio de la granada desgranada por la ánima adoratriz, se convertirá en triste realidad.

Aunque nunca considerado un amante voraz y palaciego de la vida, sí consiente de que ella es grandiosa.

El poeta se deja caer, y con él su legado.

Un legado en la mayor parte de veces hecho para agradar y alcanzar lo que el trabajo natural no le dio.

Pero otras, como en este y algunos más, con vivos destellos personales, sufrientes, y por eso: máximos.

            (…), se derrumbe en la huesa

            el burlesco legado de una estéril pavesa.

Ramón López Velarde - Imagen púbica
Ramón López Velarde – Imagen púbica

La última odalisca

Hasta ahora no he mencionado la influencia de arabismos en la poesía de Velarde.

Si bien, es por más decir que de manera antonomástica, el castellano está súbitamente influenciado por esta cultura, no solamente en vocabulario.

Recordar que Don Quijote instruye a Sancho en el uso de arabismos, con atención en las palabras que inician con la letra zeta.

Sin ahondar en lo replegada que está la obra magna de Cervantes con la cultura árabe, bástese recordar que el escriba de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, es el musulmán Cide Hamete Benengeli.

Así decir que si Velarde escogió el francés por gusto, el árabe está bien mezclado con el idioma castellano.

Y como dije, no solamente de palabras, sino con la cultura entera.

El título se debe entonces, a la tradición de la odalisca, concubina al servicio del harén del Califa.

Si bien el uso de esta palabra no expresa la sustancia del poema, vale la pena rescatarla, por la influencia mencionada, y por el ligero rubor erótico que imprime en esta composición.

Uno de los motivos por el que elegí este poema, es porque va encadenado con “Ánima adoratriz” en el sentimiento de partida.

Son los dos poemas de Zozobra que encuadran el encuentro del poeta con la muerte.

Mencionar que debido a que ambos son del año 1919, es posible que hayan sido concebidos en tiempos creativos muy cercanos.

Sobra decir que la confianza en Velarde a estas alturas es ciega, ya que aunque es uno de los poemas más largos de la colección, está muy bien logrado en rima y metro.

Quizá solamente debo subrayar que técnicas antes experimentadas, ahora son consolidadas y acostumbradas.

Como destacados; alargar el número de versos en la última estrofa, los tres puntos inmersos en versos cortos, la enumeración sustantiva que por posición convierte en adjetivación contextualizada.

Agrego un comentario a la última característica, porque en lo personal me parece el máximo alcance moderno de la poesía de Velarde.

 Un poema dela siguiente colección, “El son del corazón”,específicamente, “Anna Pavlowa”, tiene en la primera estrofa una caída vertical increíble, como si aquellas tres primeras palabras que son los tres primeros versos, fueran los tres primeros dedos de una pierna de la bailarina.

Así se entiende que la evolución de un poeta, cuando es auténtica, y mucho más cuando es innovadora, es muy lenta, y en muchas ocasiones temerosa al grado de nunca poderse concretar.

Si Velarde hubiera vivido treinta años más, estoy seguro que hubiera aportado más a la poesía mexicana, que toda la que se hizo en el segundo cuarto del siglo XX.

Continuando ahora con las imágenes de este poema, debo recalcar que cualquiera que desee abordar el tema de la muerte, debe de empezar por el de la vida.

En este caso Velarde quiso contrastarlos con el placer y la enfermedad, el harén y el hospital.

            (…)

            soy un harén y un hospital

            colgados juntos de un ensueño.

            (…)

Aunque cansado del peso de los cuerpos universales que se han unido con su vida, y consciente de la suspensión de la cuerda de éter, hilo escuálido de seda, a la que está unida la existencia.

 Goza…

Pero a sabiendas que cada año en su cabeza se pintan más canas.

 Padece…

Por lo tanto, el poema está lleno de contrapuestos:

            (…)

            Voluptuosa Melancolía:

            (…)

            el Placer su caligrafía

            y la Muerte su garabato,

Y así, después de que la Lujuria tocó a rebato, las paisanas, esbozadas como las odaliscas, corren tras los cabellos de Absalón,

            (…)

            un día, al entreabrir los ojos,

            antes que muera estaré muerto!

            (…)

Sin palabras, sin salmo que recitar, el poeta esperará a la ánima adoratriz, para llevárselo al Paraíso.

Sabiendo que ante la poderosa muerte, no hay victorias opulentas que hagan eficaz la partida.

Todo queda superfluo y estorboso.

Sin sentido.

Una vida más, arruinada por la incongruente existencia.

Pero antes de partir, el poeta tiene la súplica de perder toda suspicacia y agudeza que caracterizan a cualquier buen creador.

Porque perder la razón en la caída, es mejor que verse caer.

            (…)

            hazme humilde como un pelele

            a cuya mecánica duele

            ser solamente un hospital!

 

 

 

Bibliografía:

 

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica. Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.

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