La sangre devota

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

por Marcos Solache

En el piélago veleidoso.

Empecemos al poeta jerezano, Ramón López Velarde, con uno de los poemas que seguramente lo inspiró para determinar la necesidad de compilar, en “La Sangre Devota”, lo que con apenas 28 años, no sería más que el inicio del destellante y fugaz incendio de su corta, pero bastante sustanciosa, poesía.

En la primera parada, Velarde nos da una pista, de la suma influencia que tuvo el poeta de Les Fleursdu Mal, al usar el galicismo veleidad.

No solamente era la moda leer a Baudelaire, sino el gusto por la poesía del dolor y el sentimiento expuesto.

Aun la corriente, el Mexicano no se ata, y más bien se convierte en un veleidoso literario; ya que sería su costumbre jugar con el diccionario, a veces siendo el provinciano despistado, y otras un draconiano Gongorino.

Aunque siempre poniendo de enfrente el sentimiento, la imaginación, el dolor, y por supuesto, el amor.

Lo anterior sin dejar atrás, lo católico, hogareño, y a veces rompiendo la leal práctica, con la funesta exageración.

Si bien tiene algunos poemas de mediana extensión, digamos que, como en este, descubrimos a un poeta sucinto.

Lo que pueden decir las palabras precisas, no tienen porque hacerlo las cuartillas engorrosas.

Dos estrofas de ocho versos cada una, conforman, quizá el poema más abstracto en escenario del poemario en cuestión.

No voy a detallar metro ni rima, ya que en lo personal no lo creo corazón de ningún estilo de poesía.

Aunque sí voy a mencionar su puntuación y espacio.

Comenzando así con una experimentación.

Acorta el primer respiro de cada estrofa, inclusive con tres puntos la primera, para contundir la idea.

Estira algunos versos, al no puntuar su final, para enfatizar acciones principales.

Aunque en lo personal creo que es un mal uso de la puntuación, ya que parece que aprieta las sílabas para remarcar la rima, aunque no lo asfixia, porque libera un poco el metro.

En cada estrofa hay un punto y aparte, que no pasaría nada si divide el poema en cuatro estrofas.

De nuevo subrayo su placer por el número cabalístico con que tiene que cerrar cada intervención.

 Aun mis pequeñas anotaciones, debo confesar que este es el primer poema que da una cadencia escalonada, a su acostumbrada y eterna formación vertical.

Ahora menciono, su mayor importancia, el simbolismo metafórico del que está lleno este viaje al piélago.

A esta edad ya se consideraba un poeta petulante, pero dada su formación católica, siempre reculó al arrepentimiento y la humillación.

Aunque pirata, perdió el flanco de plata de la última sirena.

Navegación sin barco, anacrónica, producto de un devaneo, que pronto confesará como un real mareo; nos hacen concluir la triste bella mentira del poema.

Lo veremos al final como un naufrago sin isla, arraigado a la nostalgia de la silenciada Fuensanta, y a la invisible Cruz.

Retoca previo al final, con abstracción pura:

 (…)

Mas no guardo rencor

            a la inestable eternidad de espuma

            y efímeros espejos.

            (…)

 Y concluye en la misma línea imaginaria:

 

(…)

me sentí, en alta mar,

            más de viaje que nunca y más fincado

            en la palma de aquella mano impar.

           

 Pensar que la espuma es eterna, como la ola del mar, es tan cierto como asegurarla una huella inestable, que viene y se va.

 Efímero espejo.

 El viaje termina, aunque veleidoso, siempre en el fondo del mar.

Es pues el coloso salado, quien absorbe al poeta, lo lleva a fincarse en su pasión, que desarrolla con la mano impar.

Aquí me aventuro a pensar que Velarde era zurdo. Aventura he dicho, porque no encontré que fuera diestro, ni lo contrario.

Si lo anterior parece muy vano, también vale pensar que la mano impar es porque siempre cargará con la frustración de haber sido capellán y no poeta, creyéndose un impuro, izquierdo, no par con la única católica creencia.

La Sangre Devota
LA SANGRE DEVOTA – IMAGEN PÚBLICA

 Boca flexible, ávida…

 Estamos frente a un poema que fue parteaguas en el estilo poético Velardeano. Sobretodo porque seguramente fue parte de la semilla que sembrará el impulso del siguiente y último libro en vida, “Zozobra”.

Aunque en la siguiente entrega se hablará de él, por ahora puedo decir que “Zozobra”, está consagrado de principio a fin, a la figura mística de la mujer, sea Margarita, o sea Josefa, o Genoveva, o María, o sea cualquier otra escondida.

 Hablemos aquí, de uno de los más grandes amores del Zacatecano.

Fuensanta, como él poetiza a Josefa de los Ríos. Dicho sea de paso, muere justamente poco después de la publicación de “La Sangre Devota”, y precisamente la segunda edición de 1917, la dedicará no solamente a los espíritus iniciales a quien está consagrada la obra, sean Gutiérrez Nájera y Othón, sino a la peculiar, delicada, refinada, y enfermiza Fuensanta.

Ocho años mayor que el poeta, no serán losa para que el capellán frustrado, como él se denomina, la coloque como un amor profano, igualando su existencia con la de la Virgen María, o más grave aún, como una epifanía cristológica.

En “Boca flexible, ávida…”, somos transportados a su hogar, Jerez.

Estamos en el acontecimiento más importante de la semana, la Liturgia cenital de los Domingos.

De pronto, y continuando la secuencia del Evangelio, aparece el agudo perfil, la cabellera tormentosa, la boca flexible, ávida de lo concienzudo.

Aquí rescatar la figura de Fuensanta como una mujer extremadamente piadosa, al grado de imitar en lo primeriza a Santa Teresa de Ávila, el llanto sobre la Palabra, o sobre la figura en la Pasión.

Este poema es pues, un descriptivo de cómo el fallido amoroso poeta, retrata lo que para él vale el encuentro religioso.

Los labios de aquella mujer serán los articuladores de los besos prolijos, o de la sílaba lenta de un minucioso idilio.

Llevará hasta la muerte esta creencia, olvidándose de los sacerdotes que son los únicos facultados para otorgar la extremaunción, y será ella, Fuensanta, la única quien pueda persuadirlo en la agonía, a que diga Amén.

Antes de comentar la estructura de dicho poema, remarcaré la atención que para el poeta es primordial; mezclar la experiencia amorosa, con la religiosa.

Lo anterior, a la vista discreta pero nada subjetiva, lo convierte en el profano más arrepentido, pero también menos temeroso y en extremo comprometido con su palabra y experiencia.

En lo personal puedo resumir el crecimiento poético de Velarde, como la negación de su catolicismo.

Algunos lo definen como un poeta católico. Yo creo que es un anticristo muy sutil para la Iglesia.

De ahí su constante sufrimiento, inestabilidad emocional; pero gracias a eso funesto, su gran poesía.

Comentando la estructura, tenemos dos estrofas irregulares.

Aquí no hay metro, aunque no puede resistir a la rima consonante que lo caracteriza.

Parecido a “En el piélago veleidoso”, en cuanto al manejo de puntuación.

De nuevo acorta versos sin puntuación gráfica con el propósito de resaltar una acción.

Innova con el punto y coma que hila descripciones, y alarga el final del poema, uniendo un enunciado a tres puntos, que cualquiera daría como final de un verso.

Tomo la muy interesante sección de los versos 14 al 18, como un gran ejemplo de un hueco poético, ya que esta parte está desfasada en espacio y tema con la concurrencia mágica anterior; a continuación transcrita:

 (…)

Figura cortante y esbelta, escapada

            de una asamblea de oblongos vitrales

            o de la redoma de un alquimista:

            (…)

Resalto que la sección mencionada, está flanqueada por dos puntos y un punto y coma. Lo que sin duda apoyan mi comentario sobre el sentido fuera de espacio y tema de la sección.

Como detalle quisquilloso, este es el primer lugar en que utiliza la palabra zozobra. Que sin duda será la significación que le dé a su encuentro con la mujer.

 (…)

            al ver, con zozobra,

            tus ojos nublados en una secuencia

            de Evangelio, (…)

 Para terminar tomaré de nuevo el tema del final de este poema, que como en “El piélago veleidoso”, ya anticipo que son muy característicos, al punto de ser abstractos a lo más, incluso desfasados completos de la composición primigenia de cada poema.

            (…) Como los dedos rosados

            de un párvulo para la torre baldía

            de naipes o de dados.

Se sabe que es la mujer, inocente, párvula, quien aniquila su filosofía petulante, pero también conciente de lo baldía que es aquella torre de conocimiento en que está expuesto el sumo saber del que alardea.

Por eso concluye que cae, los dedos rosados, tiran toda posible convicción en pensamiento.

Como anotación quisquillosa, creo que termina por colocar la palabra dados, únicamente para cerrar la doble rima tanto con dedos como con rosados.

De nuevo se olvidó del sentido del poema, para poder completar las injustas normas poéticas.

Tanto Ramón, como el que se considere el más grande poeta, serán primero humanos, estilos que deben criticarse, y deben saberse como nuca satisfactorios para todos.

Aunque si cumplen con el primer propósito de la poesía, que es perturbar, habrán de permanecer tranquilos en la eternidad.

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

 

 

¿Qué será lo que espero?

La presencia inmanente de Fuensanta, en “¿Qué será lo que espero?”, es innegable.

Ahora tenemos un recuerdo de momentos que quizá pasaron juntos.

Sabiendo que en las vacaciones Ramón regresaba a Jerez, y en ese aire vacacional, puede invocar al objeto de devoción, a veces mirándolo, escuchándolo, pero la mayor parte, seguramente, en ficciones y palabras, que pronto después se convertirán en poemas.

Tal vez, este poema sea, en la colección de “La Sangre Devota”, el más largo conservando el tono poético, ya que hay otros de mayor extensión que parecen narraciones en verso.

Aquí tenemos cinco estrofas. Todas ellas de metro variable, sobretodo sorprende la segunda, ya que es considerablemente amplia en comparación con las otras.

Repite la importancia de la rima en su composición, así como la manutención de tipo consonante, aunque experimenta en pares especiales la inclusión de rima asonante.

En puntuación el poeta no ha evolucionado, mantiene los puntos y comas que realmente evidencian las pausas.

Aunque lo que no sigue siendo muy acorde, es por qué termina versos que cortan idea con el sucesivo.

Ramón definía su búsqueda poética, como una búsqueda de quimeras.

Voces espectrales que recibía a susurros de la mujer, quién es la guía de su misticismo.

La frágil Fuensanta, y el recuerdo del terruño, hacen imperdible el camino al seno de la mujer, que tanto, y tan bien, inspiró al poeta.

Pero entre este mundo ficticio, hay un golpe de realidad, ya que el poeta se pregunta y en modo de tranquilidad, autosupone un par de posibilidades.

Toda la cuestión es si sus esperanzas, en realidad esperan algo de ella. O como sintetiza el título, ¿Qué será lo que espero?.

 Las suposiciones no son muy alentadoras.

           (…) Quizá el suspiro

            de tu propio existir; quizá la vaga

            anunciación penosa de tu rostro;

            la cadencia balsámica

            que eres tú misma, incienso y voz de armónium

            en la tarde llovida y encalmada…

            (…)

 Como vemos, está detallada la etereidad del ser perseguido. Al punto, como antes ya se dijo, de otorgarle matices de religiosidad suprema.

 (…)

            Si vas dentro de mí, como una inerme

            doncella por la zona devastada

            en que ruge el pecado, y si las fieras

            atónitas se echan cuando pasas;

            (…)

Los primeros dos versos de la sección anterior, denotan la eterna relación del pecado y lo purificador. La sencillez de la doncella al estar desarmada, pero aun así con la plena posibilidad de enclavar sanación en la zona que ruge el pecado.

Los últimos versos de la parte transcrita, quizá con un tono más bíblico.

Recuerdan el pasaje del profeta Daniel encerrado en la jaula con los leones a sus pies. O más perturbador aún, la escena del Apocalipsis en que la Virgen somete al demonio.

Definitivamente la mujer siempre fue una imagen para Velarde. Estuvo muy alejado de la experiencia real, de sobreponer la carne con la carne de ella.

De ahí que su erotismo sea prácticamente nulo.

Lo anterior no demerita su coordinación espiritual, y repito, el posicionamiento de la mujer terrenal, como un rehacimiento de la Asunción.

 (…)

            si mi voto es que vivas dentro de una

            virginidad perenne y aromática,

            (…)

Esto será porque la mujer siempre fue un recuerdo de lo que persiguió en el Seminario de Guadalupe.

(…)

            Y de ti y de la escuela

            pido el cristal, pido las notas llanas,

            (…)

No basta repetir que los finales de los poemas Velardeanos, siempre caen en el desconcierto.

Me aventuro a decir que le costaba bastante esfuerzo cerrar sus obras, o al menos en algunos de ellos se nota claramente.

 Este, aunque muestra un desfasamiento, agrada mucho la invocación vocal.

            (…)

            ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda,

            fragancia casta y ácida!

 En primera instancia recuerdan una letanía acompañada por el armónium mencionado.

 Lo cual remarca de manera increíble, la retentiva en la memoria religiosa/mujeril del poeta.

Sobretodo por la palabra ara, que la coloca como espacio noble de sacrificio.

 Un último apunte que hasta el momento había extraviado.

Es recurrente en los poemas de Velarde, el uso de las siguiente imágenes: naranjo, azahar, limón, cítrico, ácido en este caso, como escenario olfativo o visual del Paraíso.

De ahí que no sorprenda que la fragancia de Fuensanta, que emana del pecho, sea de limón, casta y ácida.

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

 

Y pensar que pudimos…

No puedo negar el placer que siento al leer este poema.

Sin duda no sólo es mi favorito de la recopilación en “La Sangre Devota”, sino también un ejemplo de diligencia y cariño del poeta mismo.

 Revisando un poco el taller de creación Velardeano, me encuentro con que “Y pensar que pudimos…” de 1916, tuvo su génesis con “Rumbo al olvido” de 1912.

Habrá que comentar de este primer ensayo, la manutención de versos completos, pero sobretodo, la eliminación de estrofas, que bien ahora, me parecen de más.

Así como decir, que prácticamente el poema en cuestión, se encuentra embebido en su totalidad, en el anterior.

Repito; la cuestión primaria poética fue eliminar lo que abruptamente ejecuta a la salida de la línea conductora.

Lo que no se puede discutir, es que el tema y sentimiento del olvido, del creer que pudieron ser algo más, o algo realmente, está presente y muy afianzado, para poder ser destilado posteriormente.

El poema cuenta con cuatro estrofas.

Las primeras tres, iguales en composición; pero la última con tres versos más.

La adición forzada de la mencionada última estrofa, se da en el cuatro verso con la inclusión de la conjunción copulativa “y”.

En lo personal disgrega la simetría y desequilibra notablemente el poema.

Situación realmente puesta por el gusto de la última frase, más que por la norma a que muchas veces se sometió el poeta.

Las últimas tres estrofas, inician con “Y pensar que pudimos”.

Lo que en realidad convierte al poema en un sinóptico del mismo sentimiento.

De manera análoga podríamos decir que es como si hubiese puesto la idea de lo perdido en el centro, y reflejarla en cuatro espejos.

En puntuación podemos resaltar que todas las estrofas terminan con tres puntos, lo que refuerza mi comentario sobre que cada una es en realidad sinóptica del olvido.

La vida amorosa de José Ramón Modesto López Velarde Berumen, siempre se suscitó en un plano ideal, fuera del mundo físico.

Quizá la estrofa más representativa de esto, es la primera.

 Y pensar que extraviamos

            la senda milagrosa

            en que se hubiera abierto

            nuestra ilusión, como perenne rosa…

            (…)

Sin duda es la expresión de una oportunidad perdida, de un recuerdo que por más que trate de soslayar, no podrá evitar la frustración de que tuvo en frente, el espacio y la persona, para poder:

(…), deslizarnos,

            valsando un vals sin fin, por el planeta…

            (…)

Como lo menciona en “El piélago veleidoso”, su vida se puede resumir en nostalgia y arraigo a la misma.

Poniendo seriamente el ejemplo de Velarde, creo que la única diferencia entre una persona que no escribe con la pasión que lo hace un poeta, no es la falta de experiencia o vida, sino simplemente el valor o el miedo, a no aceptar que somos solamente nostalgia y arraigo a ella.

Para no prefigurar los finales de los poemas de Velarde, habrá que decir que en este más que un desfasamiento, hay un capricho.

Sentía tan necesario y útil el colocar lo siguiente:

            (…) y en una suave

            conjunción de existencias,

            ver las cintilaciones del Zodíaco

            sobre la sombra de nuestras conciencias.

Habrá que decir, que parte de su revolución interna contra de la Iglesia Católica, se da por su afición a la Astrología, corriente bien sabida como condenada por el dogma católico.

Aún así, y como un pecador, el nacido bajo el signo de Géminis, según la carta, muy buen tiempo para el artista o el inventor, lanza un deseo subconsciente.

Existir bajo la luz de las cintilaciones del Zodíaco, aunque esto no parezca presente, sino más bien, como él siempre lo deseó, un sueño sin tiempo.

 

 

Bibliografía:

 

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica.Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.

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