Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado

Navegando en el Honey Bunny: una obra sobre la experiencia de vivir

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado

por José Luis Dávila

A man told me to beware of 33
He said, “It was not an easy time for me”
but I’ll get through
even though
I’ve got no miracles to show you

Dishes, Jarvis Cocker

Nos recordamos de otras edades varias veces al día, aunque no lo notemos. Nos vemos de maneras diferentes en los distintos espejos que nos rodean a cada paso, y es en esas diferencias que podemos reconocer el tiempo que cargamos. Estamos atados, como una balsa, al muelle del confort, a omitir que constantemente nos recreamos y convertimos en algo más, algo que siempre ha estado ahí pero que es poco a poco que se va develando. Por eso los reflejos que nos devuelve el mundo forman las cartas de navegación necesarias para llegar al punto del océano en que entendamos la finalidad de las cosas, es decir, ahogarse, hundirse, dejar que sea el agua la que nos quite la macula que es vivir.

Esa finalidad está opacada por la idea general y común de que hay que ponernos como detrás de una vitrina, negándonos la satisfacción de arrojarnos al abismo para saber cómo es el fondo, cómo es darse el golpe seco contra la escarpada y ser sonido retumbando en el eco. Es decir, negarnos la capacidad de sabernos y aceptarnos, de ser honestos bajo nuestros propios márgenes, y no de ser víctimas de esa honestidad impuesta desde el exterior, recatada, cortada, absurda.

Navegando en el Honey Bunny (Escenario) - Fotografía por Jessica Tirado
Navegando en el Honey Bunny (Escenario) – Fotografía por Jessica Tirado

Bajo esas premisas se sale de ver Navegando en el Honey Bunny, un monólogo que interpreta Joshua Sánchez, dirigido por Abdiel Degollado, y que se presenta en Espacio 1900. Es una obra que transita las aguas saladas de la vida de cualquiera, logrando hacer sentir, más allá de la empatía, identificación. Porque a todos nos ha pasado, ¿no?, un día despertamos y sentimos que el mundo está perdido, todo lo que conocíamos ya no es y no sabemos cómo pasó, solamente pasó. Tenemos otra edad y otro pasado, que es el mismo pasado pero nos lo contamos de manera diferente a la acostumbrada, con una mirada distinta, y no queda más que hacerse a la idea de seguir, de avanzar, ya que, al final, adelante es el único lugar al que se puede ir.

La actuación, la escenografía, el lugar entero se presta para contar esta historia, para contarle al público lo que la mayoría de las veces no quieren ver en sí mismos por medio de una comedia melancólica que nadie debería perderse.

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