Enrique Peña Nieto - Imagen pública

Su majestad, La Corona Imaginaria

Maleficent - Imagen pública
Maleficent – Imagen pública

por Andrea Rivas

People who claim that they’re evil are usually no worse than the rest of us…

It’s people who claim that they’re good,

or any way better than the rest of us, that you have to be wary of.

Wicked, Gregory Maguire

El hombre, no es necesario dar grandes explicaciones al respecto, busca siempre conquistar todo aquello con lo que se encuentra: territorio, ideas, objetos, palabras, personas, flora y fauna.

No creo descubrir el hilo negro al decir que el ser humano es un animal más bien débil que ha encontrado el modo de supervivencia haciendo uso de sus capacidades mentales, creando así sistemas, modos de vida complejos y rebuscados, normas -cuestionables en muchos casos- y embrollos, grupos, políticas, que, a mi parecer, más que crear medios ideales para la permanencia de su especie, configuran una pelea permanente entre todos los grupos de la humanidad.

El poder es una cosa fascinante. Dice Voldemort que “no hay bien ni mal, sino poder… y aquellos demasiado débiles para buscarlo.” Tengo que discernir. Muchas veces me parece que quienes están en el poder -político- son los asnos más grandes de la Tierra, sí. Sólo a ellos les interesaría seguir la línea de bazofias dejada por sus antecesores asnos. Y esto no me parece acción de alguien más fuerte ni mucho menos. En realidad creo que el poder es algo mucho más complejo que admite muchos factores más allá de la debilidad o fortaleza -de cualquier tipo- que posea un sujeto.

Voldemort - Imagen pública
Voldemort – Imagen pública

La semana pasada fui a ver Maleficent, de la cual aconsejo quedarse con el trailer, la personificación de Angelina Jolie y el siguiente diálogo:

-All the other fairies fly, why don’t you? -pregunta la princesa Aurora.

-I had wings once, they were strong. But they were stolen from me. There is evil in this world.

Esto: el ser humano es un personaje que se siente eternamente amenazado. ¿Por qué atacar a los más fuertes, si estos lo único que hacen es existir? Es quizá la supervivencia del más apto que hace a los más débiles atacar a los potencialmente fuertes hasta dejarlos hundidos.

Me preguntaba por qué diablos todo esa mafia que decide quién será nuestro próximo presidente habrá decidido poner la cara de Enrique Peña Nieto para representar a todo un país. Es decir, no es un secreto que sean unos hijos de la chingada, ¿lo es? ¿Para qué, entonces, intentar disfrazarlo con un muñeco de exhibición que, más que malvado, parece haber olvidado el cerebro en la peluca anterior? Y mi respuesta es esta: para que nos sintamos seguros. Para que digamos, “ah, es un imbécil.” Y no: “¡ah, un tirano, mira esa cara de maldad!” No tiene sentido que nos asusten. Mejor así, tranquilos, justificando reformas, desgracias e incompetencias con estupidez; “¿qué esperábamos?, miren su cara de estúpido.” Y es que yo dudo mucho, muchísimo, que sea al azar, así como dudo que Peña Nieto sea el presidente. Son imágenes que nos imponen ideas.

Enrique Peña Nieto - Imagen pública
Enrique Peña Nieto – Imagen pública

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, dice el tío Ben. Ojalá los presidentes de todas las naciones se hubieran tomado el tiempo de ver Spiderman. Sin embargo, la realidad es que aunque un gran poder debería conllevar una gran responsabilidad, los que adquieren posiciones de poder, tienen, en muchos casos, más el poder de destruir a los otros que de ser realmente capaces de cargar con el poder y por tanto, con la responsabilidad.

¿Por qué en Maleficent le cortan las alas a un hada cuyo poder no era usado para lastimar a nadie, sino para proteger a los suyos, para volar? Porque no puede permitirse que seres con ese poder ronden por el mundo que se planea conquistar, porque no importa si los talentos de los otros nos dañan, son potencialmente una amenaza para todos aquellos que, quién sabe por qué, anhelan el poder.

Tío Ben - Imagen pública
Tío Ben – Imagen pública

Es común ver al más listo del salón estando solo, con pocos amigos. Es común ver que a una chica bonita se le llame zorra por otras chicas sin razón aparente. Es bastante cotidiano escuchar los murmullos en torno al éxito de los compañeros; y no hablo de películas de bullys gringos sino de lo que se vive día tras día en las escuelas, los trabajos, las calles… Muchos optan por esconder sus cualidades. Mejor que no nos corten las alas. Mejor poner cara de no saber nada, como Peña Nieto, y no hablar de los logros, y no responder en clase, y no hablar de los aumentos en el trabajo, y no contarle a nadie que ganamos un concurso: mejor dejar para nosotros lo que es de nosotros, no sea que algún entusiasta se sienta atacado.

Y es que creo que aquellos que se saben seguros en lo que son y en lo que quieren, son quienes no contemplan la idea de atacar al otro, de quitarle lo que no necesitan, de tomar un lugar que no es suyo. Son aquellos que se sienten inferiores quienes rondan hablando de su superioridad, cortando alas y robando territorios: son aquellos que en el alma no albergan nada, quienes, en lo material, lo queman todo para verse en lo alto sosteniendo una de las tantas coronas imaginarias creadas por el hombre…

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