Soda italiana - Imagen Pública

10% de propina obligatoria por favor

Soda italiana - Imagen Pública
Soda italiana – Imagen Pública

por Carolina Vargas

Soda italiana de frambuesa por favor…

Mientras esperaba mi refrescante bebida en uno de mis sitios favoritos en esta ciudad, observé detenidamente las otras mesas llenas de parroquianos que al igual que yo, se guarecían de la lluvia y la monotonía.

Esperaba pacientemente mi orden mientras revisaba mi correo y el libro de rostros la tarde transcurría sin mayor inconveniente a excepción de la lluvia que ya era un escenario habitual a esas alturas del año. Cuando por fin llego el mesero con mi elixir de sabor, paladeaba las burbujas y admiraba la sensualidad de ese concentrado color rojo, mientras escudriñaba más detenidamente el lugar; no era la primera tarde que pasaba en ese sitio, ya son varias las anécdotas que le puedo atribuir a ese hueco, pero lo que realmente me intereso era toda la vibra que se tejía a mi alrededor. Todas las mesas estaban ocupadas, el rumor de los presentes apagaba la música ambiental y la lluvia que azotaba la calle, me perdí en medio de ese tumulto de voces, y solo observaba.

La razón por la que me guarecí en ese lugar francamente no la recuerdo, pero a esas alturas de la tarde ya era irrelevante, todo era mejor que estar en casa encerrada. Cuelga decir que de todos los ahí presentes yo era la única que estaba sola, así que me  intrigaban los motivos por los que el resto de los parroquianos se habían concentrado precisamente ahí, el sitio en el que una forever alone como yo, se sentía tan a gusto.

No es un sitio precisamente romántico, más bien es como para beber y comer algo distinto a un costo no tan alto. La ausencia de acompañante facilitaba mi observación y la verdad es que resulto un ejercicio antropológico bastante entretenido. En la mesa de enfrente una pareja de adolescentes discutiendo, probablemente terminando su relación pubescente en la que se notaba un claro desinterés por parte del chico. En el rincón un trio de amigas, entradas casi en los cuarentas por la cantidad de selfies que se tomaron asumo que eran divorciadas o solteras, quizá casadas e inmersas en matrimonios sin amor y reunirse a beber era su forma de lidiar con su insostenible soledad. A mi izquierda un grupo de Godínez treintañeros y cuarentones reunidos comiendo y alardeando sobre sus increíbles y prometedores empleos. A mi derecha un grupo de hipsters desdeñando a todos los no-hipsters-veganos-ambientalistas-vintage. Detrás de mi mesa universitarios debatiendo sobre lo mal que esta el mundo y claro solo ellos están facultados para realizar un cambio verdadero. Un freak show sin juegos de azar ni mujerzuelas.

Es curioso como la casualidad delimita nuestras vidas, nos lleva por largos periplos en los que nos sitúa con personas que nos acompañarán por un tiempo, o simplemente queden en el plano de lo anecdótico, pero lo cierto es que todos nos construyen. Desconozco los motivos que llevaron a un grupo de desconocidos a coincidir conmigo en ese lugar, compartimos el mismo techo, más no así el mismo momento porque en eso influyen muchas otras cosas, para mí fue una tarde cualquiera, para una chica fue la tarde en la que le rompieron el corazón, para un grupo de amigas el día en el que por fin pudieron hacer a un lado sus obligaciones y se dieron el tiempo para poder estar juntas y huir de la sofocante rutina que las esclaviza, para unos muchachos la fecha en la que descubrieron su labor en la vida y el camino para conseguirlo.

Dicen que la vida se cuenta por algunas fechas importantes y que el tiempo entre ellas es irrelevante, yo no estoy de acuerdo. Aunque muchos de los días no los recordemos, son los que nos van forjando justamente para esos momentos memorables. De aquella tarde solo recuerdo la sensación refrescante de aquella soda italiana que me cayó como un remanso de paz en aquella lluviosa tarde. Bebía a sorbitos pequeños y bien pensados, examinaba los rostros de todos y el murmullo del lugar, aunque agitado el rumor era melodioso, bebí muy lentamente, esa soda era mi única compañía de modo que al escuchar la nota del sorbo final admito que me entristecí un poco…ya no tenía ningún motivo para permanecer ahí, solo observar y pedir la cuenta, el importe de mi bebida más una injustificada propina del 10% por un servicio mediocre e indiferente.

Olvidé la fecha de cuando ocurrió todo esto, estoy segura que fue el mes pasado, jure que nunca más tendría tardes vacías, pero puedo decir que aunque este sola en casa y aparentemente sin nada que hacer, mis ideas me acompañan, lo que soy está ahí aunque se encuentre dormido, es cuestión de despabilarlo un poco.

Ahora estoy de reposo absoluto, aunque quiera no puedo moverme ni dejarme envolver por la casualidad que nos brinda la calle, pero eso me mantiene optimista porque estoy segura que la próxima vez que me encuentre de frente con la casualidad, por primera vez en mi vida sabré que decirle y quizá tan solo quizá le invite una soda italiana.

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