Jorge Armodio-Imagen Pública

Sobre Musofobia de Jorge Harmodio

Musofobia-Imagen Pública
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por Diego Casas Fernández

Si la novela es un marido -como bien explica Jorge Harmodio (Mexicali, 1972) las especulaciones de Gumucio-, el cuento un fugaz amante, el microcuento un enamorado arrebatado de eyaculación precoz, ¿las notas de un diario figurarían, entonces, como un amante que de a poco escancia ternuras, caricias, besos breves; un mentor fiel, alguien que siempre estará allí aunque uno se ausente?, ¿alguna puta cariñosa tal vez? ¿El diario íntimo sería acaso una puta cautivada en espera eterna? La bella puta frecuentada habitualmente con devoción y, a veces, intimidad chocante. Jorge Harmodio practica su incursión en el Internet como un escritor con un diario vuelto novela que nunca deja de ser diario, o más bien: posts frecuentes que Harmodio cuelga en un blog personal. Escribe Harmodio con respecto a la ontología amorosa de su diario electrónico:

sin.fecha,sin.lugar: Hoy no puedo escribir ni dormir ni comer ni salir. Hoy sólo puedo llorar como cuento lo que no supe defender como novela. (26)

Musofobia, publicada por primera vez en físico por Mondadori en el 2008, resulta un amplio collage donde Harmodio desarrolla una red de motivos que lo llevan a la escritura de sus cuitas –algo triviales en el tema, peculiares en la figura- amorosas. Los casi diarios posts de Harmodio, que componen a su vez un entramado comunicante con más de una historia (cuentos intercalados entre algo parecido a capítulos), resultan una dolorosa travesía por su vida cotidiana: la separación de su coamante, las relaciones amistosas con hispanistas, alemanes, culichis amables, la ingrata actitud de A.Chimal en un concurso de micro.cuento fotográfico, la presencia de un ratón en el ya entonces ex.nidito.de.amor, la resuelta solución de dar muerte a dicho ratón mediante artilugios sugeridos en una cita casual por Internet, los encuentros estrictamente sexuales con una traductora europea, la infidelidad fortuita, las andanzas en Francia, una operación nasal, la escritura, la muerte del Papa, el amor nuevamente. Musofobia es así un abanico desplegado mediante un clic; la vida de Jorge Harmodio colgada en Internet para acceso público. Todo gracias a la masiva competencia cibernética.

Sin embargo, hay una advertencia velada en todo esto: la lectura de la novela-diario-libro de relatos integrados-anecdotario-melancólico blog electrónico que Harmodio presenta, debería ser, ante todo, desde un iPad, tablet o el Acrobat de la computadora portátil. De salto en salto, su lectura en físico presentaría problemas vitales para los pasadizos cibernéticos a los que desea desembocar con un afán desconocido pero juguetón; un hipervínculo al vacío que representa saltar de página, perder el hilo de una lectura también inexplorada: “Mi cuento no se ganó nada. De puro coraje, me lo auto.publiqué en el blog. Si tiene usted ganas de leerlo, pulse aquí.” 

Jorge Armodio-Imagen Pública
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Esta ubicación hace que el texto se inscriba, para su mejor lectura, al ciberespacio. De tal suerte que no sólo hablamos, entonces, de un relato que sin más Harmodio ofrece. Hablamos más bien de varios textos, unidos por un clic de distancia. Se puede atisbar una red de escritos ambulantes, pasajeros, ubicados mediante un simple toque. El clic inmediato se vuelve así el recorrido de una hoja con más de dos lados. El revés y envés que se desdoblan o se triplican o se cuadriplican, dependiendo las ventanas que el lector desee abrir. Sin embargo, cada ventana trae consigo una ventanita emergente, una pop-up que a la vez puede despistarnos. Estas pop-ups son los relatos que cada cinco o diez páginas irrumpen Musofobia.

Existe una sutil conexión, por otro lado, entre las reflexiones literarias del aludido novelista Rafael Gumucio y los momentos conyugales por los que pasa el narrador: un novelista venido a menos que narra, a suerte de bitácora, sus peripecias en la escritura de una novela, al tiempo que integra relatos destinados a aparecer en un supuesto libro de cuentos, aún inédito. Jorge Harmodio, quizás herido hasta la médula, luego de un amor mal correspondido, parece ser quien recurre a su cuaderno de notas –en su caso, blog electrónico- en el que escribe sobre la rutina, algo monótona e insalvable.

Una retórica ingeniosa con armas para la defensión de la palabra que a pesar de todo logra sobrevivir gracias a la migración de hábitat. Jorge Harmodio corresponde a las facilidades que el internet le ofrece; una interminable hoja en blanco en la que cada monóblogo -como él mismo insiste en autonombrarse- lejos de insistir en la definición contundente de sus escritos, incursiona en un modo de producción y expresión al que se amolda su vida, sus intereses y su propia palabra.

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