GUSTAVO ADOLFO BÉQUER-IMAGEN PÚBLICA

Las valoraciones de los hombres

LEOPOLDO ALAS-IMAGEN PÚBLICA
LEOPOLDO ALAS-IMAGEN PÚBLICA

por Pere Font

Son muchas las obras literarias importantes que fueron en su momento rechazadas. El señor de las moscas de William Golding, por ejemplo, fue rechazado 20 veces antes de ser publicado y Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, 38 veces. El diario de Ana Frank recibió la negativa de 15 editoriales y Marcel Proust, viendo que no había manera de que sus obras salieran a la luz, tuvo que sufragarlas de su propio bolsillo.

El caso quizás más escandaloso fue el de John Kennedy Toole. Su novela La conjuración de los necios recibió la negativa de todo el mundo. Una vez que se hubo suicidado, afectado tal vez por el fracaso, fue su madre la que halló el manuscrito de la novela (fechado en 1962) y se empeñó en que se publicara. Después de ser rechazado de nuevo por varias editoriales, al fin se publicó con clamoroso éxito en 1980.

Tampoco lo tuvo fácil Gabriel García Márquez con sus Cien años de soledad.  O John Le Carre (con El espía que surgió del frío), al que muchos editores veían “sin ningún futuro”. O William Faulkner con Santuario, que fue tildada simplemente de “impublicable”.

Imaginémonos ahora, y también, las obras importantes  que nunca han salido o saldrán a la luz y permanecerán para siempre en el silencio: las, por ejemplo, presentadas a concursos y certámenes y que habrán pasado desapercibidas. Pero pensemos a la vez, y por otra parte, en los libros sí aceptados, premiados y con éxito de ventas y que son  puros bodrios indigestos.

50 SOMBRAS DE GREY-IMAGEN PÚBLICA
50 SOMBRAS DE GREY-IMAGEN PÚBLICA

Hace algunos meses intenté leer Cincuenta sombras de Grey, esta novela que dicen erótica y de la que sólo en Estados Unidos se vendieron más de diez millones de ejemplares, en tres meses. Pues bien, no pude continuar con su lectura más allá de las primeras páginas. Afirmo y reafirmo que carece del más mínimo interés literario y que es una novela vacía, sosa, hueca, desprovista de contenido, de chispa o de lo imprescindible para que se la pueda tener en consideración mínima. Además, es ñoña.

 Así que de este modo va el mundo.  Con el premio Nobel para autores como José de Echegaray (1904) o para Jacinto Benavente (1922) y con el desprecio hacia literatos de la misma época, y de muy superior calidad, como  Benito Pérez Galdós o  Leopoldo Alas, “Clarín”, cuya obra La Regenta no fue  reconocida hasta los años cincuenta de la pasada centuria.

También un poco antes, en pleno realismo, Bécquer era desconocido o, en todo caso, menospreciado como poeta de quinta fila, mientras que los “consagrados” literarios eran Campoamor o Núñez de Arce.

GUSTAVO ADOLFO BÉQUER-IMAGEN PÚBLICA
GUSTAVO ADOLFO BÉQUER-IMAGEN PÚBLICA

¿A qué conclusión llegamos con todo esto? Pues a la de siempre: a que lo que se llama “éxito” o “fracaso” suele ser a menudo un puro cuento, cuento de los que algunos, esto sí,  sacan su provecho y otros, por el contrario, no sacan más que sinsabores injustos.

Con lo que estamos diciendo, claro está, no pretendemos sugerir que las obras fracasadas sean siempre genialidades marginadas. Evidentemente que no. Lo que sí decimos es que los hombres somos muy poco de fiar. Y si lo somos en cuestiones literarias o artísticas, imaginemos cómo lo seremos en otros temas más candentes o vitales. Realmente somos tenebrosos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s