Carta - Imagen pública

Carta

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Carta – Imagen pública

por Andrea Rivas

¡…!

Qué tal la vida.

Yo lo de siempre. La escuela, las tareas, los dramas, el café, el calor insufrible.

Y nada. Contarte que la culpa también me ha perseguido toda la vida. La culpa necia de haber nacido. La culpa de haberle quitado el pan de la boca a mamá. La culpa de haber presenciado la muerte, inevitablemente. La culpa de no haber jugado lo suficiente. La culpa de aquellos platos que no lavé con esmero. La culpa de las verduras semi-masticadas escondidas en una servilleta. La culpa de haber copiado en Geografía. La culpa del diez que pude conseguir y dejé ir. La culpa de haberme dejado mangonear en la primaria. La culpa de no haber gritado cuando me rompieron. La culpa de… Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Y luego la culpa de haber vivido toda la vida con tantas culpas.

Vivimos en un mundo de culpas. Comer mucho es malísimo, te pones gordo. Comer carne es malísimo, acabas con vidas. Es terrible vivir de verduras, ¿estás idiota, qué eres, chango? ¿Elegiste esa carrera? Qué imbécil. ¿Dijiste lo que opinabas? ¿En serio? ¿Y a quién le importa? Nada más te quemas… Deberías expresar tu opinión, si no, chíngate, es tu culpa por no decir nada. Ad infinitum…

Contarte que también he estado así, jodida, fastidiada, gris y sola, sola, sola. Todos lo estamos. Y creo que no es siempre nuestra culpa. ¿Será cultural? Desde muchos sitios hemos sido orillados a ciertas creencias, a ciertas palabras. Yo no sé, especulo, pero te entiendo. Entiendo el sentimiento que te leo en los párpados. La decepción. El abismo. La impotencia. La soledad.

Te entiendo y quisiera decirte algo real. ¿Quién decide, de todos modos, lo que es real? Yo también soy frágil, qué rabia. He caminado calles parecidas. No podemos igualarnos, yo sé. A veces me tocó la sombra cuando te jodiste bajo el sol. A veces te tocó la acera donde regalaban trozos de fruta mientras a mí me asaltaron cuando recién recibía la quincena. Pero te entiendo. Y me he repetido que la culpa es mía. Sabía que esa calle era insegura. Te vi pasar y no te ofrecí sombra bajo mi sombrilla. Recibí el trozo de fruta y no lo compartí con el huérfano hambriento.

Carta - Imagen pública
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¿No te parece horrendo? Sentir culpa incluso cuando el azar te regala lloviznas mágicas. Pero así somos. Y yo qué lecciones voy a darte. Pero recibí tu carta. Correspondencia, qué maravilla, y entonces respondo.

No te sé, seguramente ni tú sabes muy bien. Pero estoy aquí, te leo, te abrazo mientras mis palabras laten en tu pupila, te bebo mientras un traguito de tequila baja por la garganta, te respiro mientras el universo sigue dándonos aire. No tengo tu nombre. No sé quién eres. Pero estoy aquí, no estás solo. Hay palabras, hay, habemos.

Y que estés donde estés, seas quien seas, hay estrellas, y hoy, en estas líneas, estoy yo.

Tuya siempre,

Andy,
Andrea,
Bicho,
y todos los nombres que quieras darme

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