Palabras - Imagen pública

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por José Luis Dávila

Arte: Una de las pocas formas de la felicidad; no está supeditado a nada pero sí es susceptible de estar relacionado con todo. Va de lo bello a lo grotesco, de lo sublime a lo patético, pero sea como sea provoca un movimiento en el interior de quien lo observa, escucha, lee, siente. Esta definición es incompleta porque la cualidad más importante del arte es que supera las definiciones.

Billar: Deporte extremo. Una mesa tapizada, 15 bolas (aunque depende del estilo que se vaya a jugar), dos tacos. Cervezas. Botanas. Curiosos que con el paso de la partida se vuelven verdaderos espectadores y cronistas. El peligro está en quedar como un ridículo ante el público al demostrar ineptitud. Su variación más arriesgada: Tres bandas.

Concierto: Heterotopía del sonido. Un lugar sin lugar en el cual sucede la conjunción de música e imagen. Todos están y no están: La música no se produce en quien la toca sino en quien la percibe, como si todas las gargantas fueran una, la que está al frente. Como si todos los que están al frente estuvieran entre los que gritan desde abajo del escenario. Sólo se existe en las notas, en los acordes, en el ritmo. Un concierto que no provoca pasión, no es concierto.

Danza: Cuerpo en movimiento, escritura en el aire, trazos con tinta invisible pero permanente en el espectador. No es para que todos la practiquen, y mucho menos con cualquier música. Una cosa es danza y otra es baile. El baile es una forma social, la danza se eleva en otros ritmos. Yo no danzo ni bailo, pero me he visto obligado a lo segundo y creo que no lo hago tan mal.

Encuentro: Acercamiento, fortuito o buscado, a una persona u objeto, aunque los objetos suelen ser menos huidizos. Los mejores encuentros son los que dejan una sensación satisfactoria pese a las complicaciones que puedan acarrear. Mis mejores encuentros: con el arte y unas muy contadas personas.

Filosofía: Una forma de apropiarse de la vida y pensarse; un punto de vista forjado desde la reflexión. Lamentablemente, de los filósofos que tengo cerca muy pocos expresan sus ideas a través palabras propias, suelen usar las de otros ya reconocidos por la historia. Yo no estudio filosofía, pero la leo, la entiendo y me gusta pensar que la trato de hacer de alguna manera.

Gatos: Útiles animales domésticos. Si algo va mal, las mujeres los suelen abrazar para tener cariño. Conozco muchas mujeres que tienen gatos y los tratan mejor de lo que tratan a sus parejas. Algunas otras no tienen un gato, pero tratan a su pareja como uno. Y a otras les hace falta uno, urgentemente.

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Hojas: Las de los árboles cuando caen tienen una belleza excepcional. Van hacia el suelo con cadencias distintas, a merced de la gravedad, del viento y, a veces, a alguien se le ocurre atrapar una antes de que llegue a su destino, interrumpiendo un ciclo pero dándole un nuevo significado: cualquier caída puede ser detenida por la mano correcta.

Interiores: Somos una casa por nosotros mismos: tenemos patio, fachada e interiores. Éstos últimos son los más difíciles, ya que aunque se les quiera tener en óptimas condiciones, al final resulta que limpiar no es lo nuestro o que tenemos todo en orden pero dejamos entrar a alguien que termina por romper algo. Todos han pasado o pasarán por cualquiera de los dos casos. Yo trato de limpiar, pero sólo por encimita. Debajo de los muebles ni a mí me interesa ver qué hay.

Juegos: Hay de muchos tipos. Los que más me gustan son los de mesa, los de video y los de poder. Las apuestas son fundamentales para dar sabor a cualquiera de ellos, sobre todo a los de mesa porque apostar en un juego de video es poco atractivo y en los de poder la apuesta va implícita.

Kafka: No me gusta su obra, pero fue la única palabra con esta letra que me gusta. “Kafka”, un apellido que suena bien para un escritor de cualquier época, porque parte de la fama está en el nombre y su capacidad de ser recordado.

Libros: Uno nunca compra libros de forma azarosa, siempre hay algo en ellos que, aunque no sepamos de qué tratan, nos llama. Los libros se le prestan sólo a las personas que apreciamos, porque sabemos que volverán. Una cita de David Mitchell sobre los libros: “Un libro leído a medias es una aventura amorosa incompleta”; me empiezo a preguntar si eso aplica en términos contrarios.

Música: La música está construida en una dualidad: mezcla de sonido y silencio. Remedio y mal, a la vez. Hay muchos tipos de música y a todos hay que prestarles atención, incluso a los géneros contra los que se tengan prejuicios; pueden no gustarnos, pero eso no significa que se les niegue la oportunidad de existir y de ser en otras voces. La música no es el mundo, pero se le acerca.

Negar: Es la acción que despunta el deseo. Uno niega y se revela al tiempo que lo hace. Cuando se le niega algo a otro, ese otro lo busca con mayor pasión, aunque a veces es una pasión muy estúpida. La negación, en ambos casos, es un espejo, bien cóncavo o convexo, que nos muestra hacia adentro o hacia afuera según sea el caso.

Ñoñez: Atributo de las personas que no saben equilibrar su tiempo entre los distintos aspectos de la vida y sólo dan importancia a uno. No se ciñe estrictamente, como muchos pensarían, a quien se entrega sólo a lo académico aunque es cierto que son de los más fastidiosos. La condición del ñoño es la marginalidad, como es marginal aquél que vive de fiesta en fiesta para los que estudian cada noche; ese tipo de ñoñez es la más triste.

Oposición: La vida está hecha de esto. Una oposición no es una negación porque coexiste con su otra posibilidad. Ni una cosa ni la otra, sino las dos a la vez en el mismo tiempo y lugar; las oposiciones se explican a sí mismas y mutuamente. Se necesitan oposiciones para que el mundo siga girando, para que no se vuelva aburrido.

Pulp: Banda de Sheffield, Inglaterra. Letrero en neón morado, parpadeante. No hay música como la de ellos, ni la habrá. Las letras, los sonidos, la imagen, todo coordinado en casi perfección. Siempre recordaré la primera y única vez que han dado un concierto en México. Estuve ahí, me siento orgulloso de ello porque fue un concierto en toda la extensión de la palabra (Véase: Concierto)

Quizá: Indicador de posibilidades. Un “quizá” bien puesto en una oración cierra tanto como abre puertas y ventanas; a veces, el mejor lugar para el “quizá” es al final de la frase, porque así se salva uno de asegurar todo lo anterior. No es un retractarse cobardemente, es una forma de explicar que, como dice el Jacques de Kundera, nadie nunca sabe nada.

Recuerdos: Estamos hechos de memoria; nuestros cuerpos son una estructuración sobre los recuerdos de lo que eran. Los recuerdos son remanencias dejadas por los objetos y las personas que se integran a nuestras memorias en forma de moldes llamados ausencias. Un recuerdo ejemplar: la K9 en D menor de Scarlatti.

Sueños: Los sueños que valen más son los que se tienen despiertos; los otros, los que se producen en las horas que estamos dormidos, son meras pistas para conocer el cúmulo de traumas que nos provocamos por no saber manejarnos ni expresarnos hacia los demás. Los sueños (los que se revelan cuando tenemos los ojos abiertos) se cumplen cuando se trabaja por ellos; el primer paso es no contenerlos, muy al contrario, deben ser dichos en el momento en que nacen, incluso si nadie está alrededor. Hay quienes los confunden con objetivos o metas, pero ¿acaso no existe en el cumplimiento de éstas algo de ensoñación primigenia? ¿No son parte de algo mayor como, digamos, un camino de pequeños rasgos oníricos, como miguitas en el bosque, conduciendo hacia el sueño principal, ese gran sueño íntimo que tenemos la esperanza de ver concretado?

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Tejido: Cada texto es un tejido. Hilvanamos un poco de nosotros con cada palabra que escribimos y decimos. El tejido es la forma de la interconexión, de la vinculación. Todos somos un tejido, desde lo físico hasta lo psicológico, y como tejidos nos comportamos. Eso es lo que nos permite a todos ser texto, y en este sentido, somos productos y productores: hipotextos e hipertextos unos de otros, por la necesidad del contacto constante con los otros. Ser social es ser parte de un tejido, lo cual es inevitable.

Umbral: Un umbral no es entrada ni salida, es transición. Se puede estar a las puertas de una casa, pero no al umbral porque no es un lugar. Se puede atravesar el umbral pero no detenerse en él, porque entonces no tendría sentido su función de vínculo entre dos espacios y dos miradas. Quienes se quedan atascados en el umbral no saben a quién dan la espalda ni pueden conocer por completo lo que está frente a ellos, además de que se le estorba el paso a los otros.

Victoria: Sobrevalorado resultado de toda actividad que implica competencia con alguien o algo más. Una victoria no está completa nunca, es nada más como dice Élmer Mendoza: unas veces se pierde y otras se deja de ganar. La victoria, sin embargo, brinda esa falsa alegría de que se ha alcanzado un objetivo, pero casi de inmediato debe buscarse otro para no caer en el aburrimiento de estancarse. Ante esto, uno se preguntaría si de verdad se gana cuando se gana y qué se pierde al tiempo que se gana, así como qué se pierde cuando se pierde y qué se gana cuando se pierde.

Woody (Allen): Director de dramas tan apegados a la realidad que parecen comedias. Sus films son eso que permanece y aflora en el sujeto de cuando en cuando pero que no se logra traducir en palabras: a veces una derrota lírica inundada de risa y una risa desbordada en el llanto, justo como la vida misma. He llegado a pensar por momentos que él dirige la vida de todos; quizá el suyo sea otro de los nombres de dios.

Xanadu: Canción (y mal lograda película) de ese viejo símbolo que fue Olivia Newton-John, instalada en el nacimiento de los 80’s del siglo pasado, cuando el neón era una idea romántica y los colores de la ropa entre más llamativos mejor. Al decir esto, “siglo pasado”, siento que la edad está por alcanzarme. Newton-John era la rubia del cine que mi padre adoraba. Yo también tengo una rubia preferida (Scarlett Johansson) y una Olivia (Wilde). Al parecer, para acercarse a lo que provocaban antes las mujeres se necesitan dos de las modernas.

Yo: Persona de toda oración; sin un “yo” no hay un “tú” ni un “ellos”, ni cualquier otro pronombre. El “yo” es algo que cargamos irremediablemente, para bien o para mal. Decir “yo” es mal visto por todas las personas a las cuales les gustaría que sólo se les hiciera casos a sus “yoes”. Cuando yo digo “yo” también digo al otro, como Rimbaud.

Zafio: A veces no se puede evitar ser uno. Un zafio no se da cuenta de lo que acontece alrededor y por ello se comporta como tal. La insensibilidad para lo políticamente correcto es algo que bien puede definir al zafio. No es irreverencia o sarcasmo, sólo es tosquedad, grosería sin ápice de gracia o ingenio. No es malo serlo, es sólo inaceptable para algunas personas. Un zafio entrañable: Tom Waits.

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