Monumento 11M

El viaje (11M)

Monumento 11M
Monumento 11M

por María Mañogil

11 de marzo de 2004. En recuerdo a las víctimas de los atentados, 10 años después.

Sobre la mesa de su escritorio, aún se podía intuir, por el desorden, que se había vuelto a quedar dormido. No era la primera vez en los dos meses que hacía que le habían contratado en una empresa multinacional. Le costó tanto encontrar aquel trabajo… Y hoy se había vuelto a dormir. El maldito despertador no había sonado, o eso creía él. Si le preguntaran a su vecina, la que dormía pared con pared en el piso de al lado, diría que estaba harta de escuchar los ronquidos por la noche, el despertador cada día a las 5 y media de la mañana, sonando una y otra vez y los insultos de aquel individuo que se había mudado, para su desgracia, al piso de alquiler que quedó libre dos meses atrás.

Se preparó un café mientras se malvestía y pensó que no le daba tiempo de buscar en su desordenado armario el uniforme limpio que había echado allí en un intento de que su habitación pareciera más que limpia, decente. Se mudó allí porque no quería permanecer en el mismo barrio en el que meses atrás había vivido con la que había sido su mujer durante la mitad de su vida. Su vida, pensaba, era ahora un completo desastre desde que ella se fue a otro país para olvidarle, para olvidar a aquel hombre por el que ya no sentía nada parecido al amor. Encontrar este trabajo no le había ayudado para nada a reconstruir su vida. Su vida no valía nada…

Salió corriendo mientras pensaba en todo esto y por un momento se le olvidó que le quedaba media hora de camino para llegar a la estación y tomar el tren de las 7, el mismo que le llevaría hasta su trabajo. Si no conseguía tomar ese tren lo despedirían, estaba seguro de ello porque su jefe ya le había avisado dos veces, así que eliminó sus pensamientos y empezó a caminar deprisa hacia la estación.

Llegó en 20 minutos, sudoroso y jadeando y suspiró cuando vio el andén lleno de gente esperando. Menos algunas personas nuevas, o que él nunca había visto, la mayoría eran los de siempre: el grupo de chicos cargados con montones de libros, riendo, bromeando… la mujer con gafas de sol y bolso enorme (él siempre se preguntaba por la cantidad de cosas que podía acumular una mujer en el bolso), el anciano con una gorra sobre su cabeza que siempre le saludaba, el señor con el bebé en el cochecito y un maletín en la mano… Todos ellos tomaban el mismo tren todas las mañanas, de lunes a viernes.

Placa 11M
Placa 11M

Cuando subió a uno de los vagones, recordó que se le había olvidado la placa de identificación con su nombre. Era obligatorio llevarla en la empresa para la que trabajaba, pero estaba claro que hoy no era el día para preocuparse por eso, ni siquiera tenía claro que le renovaran el contrato y probablemente tendría que buscar otro trabajo dentro de poco.

Un poco triste, se apoyó en una de las ventanillas y miró hacia el andén. Escuchó el sonido del tren al emprender su camino y por un instante vio a un hombre correr mientras  levantaba la mano, con un gesto desesperado para que el maquinista lo viera y no arrancara, pero eso no sucedió…el tren no espera a nadie. Nunca espera a nadie.

Él suspiró de nuevo, alegrándose de que, por esta vez, no fuera él quien se quedara en el andén esperando al próximo tren.

Juan, Pedro, Luis, o como sea que se llamara aquel hombre no llegó a su trabajo ese día, ni los siguientes… Al igual que muchas personas ese día no llegaron adonde se dirigían, ni volvieron a sus casas para comer, ni para cenar. Muchas familias se quedaron esperando y siguen esperando a quienes ya nunca volverán porque esa mañana tomaron un tren sin destino.

Esta mañana, la señora del piso de al lado ha conocido a los nuevos vecinos que se mudaron allí la semana pasada. Son una pareja de ancianos y ha pensado en la suerte que tiene después de diez años, de que hayan venido unos señores mayores, como ella y se ha preguntado qué habrá sido de aquel hombre tan antipático que vivió allí. Se debió mudar a otra ciudad. Sí, seguro que se fue de la ciudad, pero no conoce su nombre, nunca lo llegó a poner en su buzón y como nunca lo visitaba nadie, nadie preguntó nunca por él.

Yo no sé si ese hombre tenía más familia además de su ex mujer, la que se fue a otro país. No sé si alguien pensará hoy en él o si alguien sabrá porqué no fue nunca a su casa después del trabajo. Ni siquiera sé si existió…Lo que sí sé es que yo lo recuerdo porque ese hombre pudo haber sido cualquiera de los que salieron de casa esa mañana para tomar un tren.

Yo sí que estoy pensando en él y me lo imagino de camino a casa.

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