Ex's - Imagen pública

Ex’s

Ex's - Imagen pública
Ex’s – Imagen pública

por José Luis Dávila

Todas mis ex han terminado por tratar de omitir mi existencia. No creo que eso esté mal, es quizá parte de un proceso de duelo necesario para poder pasar a algo nuevo, a lo que sigue, para poder desprenderse de todas aquellas cosas que ataban sus sentimientos, evitando que lograran una vida plena en ese “después de” que todo rompimiento implica. Es algo que todos llegamos a necesitar. Sin embargo, es curioso que ninguna de ellas deja de lado a ningún otro ex, por mal que las haya tratado, o al menos no dejan de lado a la mayoría de sus ex. Dos o tres casos hay en los que se llevan perfectamente bien con todos aquellos hombres con los que algo tuvieron que ver, pero no conmigo.

Sí, me hace sentir muy bien. Resulta que de poco en poco, mi ego se alimenta de ese tipo de cosas, aunque sé bien que no es lo ideal. Debería sentirme mal por saber que la gente trata de elidirme, de arrancarme de su experiencia como se arranca una costra. La cosa es que la costra de todos modos deja una marca que tarda demasiado en borrarse, e incluso hay marcas que nunca se borran.

¿Es pretencioso escribir sobre esto? Definitivamente. Lo es, no lo niego, como no niego que tampoco es el punto de lo que quiero aclarar, pero es un inicio. Así como les pasa a mis ex, nos pasa a todos, que buscamos el modo para matar algo en nosotros sin la necesidad de matarnos nosotros. Momentos vergonzosos, heridas emocionales, eventos traumáticos, conversaciones estúpidas, errores que nos ponen como unos tontos frente a otros. Muchas cosas existen de las que uno se llega a arrepentir.

Ex's - Imagen pública
Ex’s – Imagen pública

La clave, dicen algunos, es que nunca hay que arrepentirse de lo que se ha hecho, sino de lo que uno se queda con las ganas de hacer. Hace unos meses conocí a la mesera de un restaurante de comida china, se me acercó a conversar sobre el libro que notó en mi mesa. Oye, disculpa, ¿me dejas ver tu libro?, me dijo, iniciando una charla sobre la literatura y el crimen organizado. Me terminó recomendando Zero zero zero, de Roberto Saviano. Lo había leído en italiano y le encantó. En el reverso del papel en que me anotó el título y autor, estaba su número de celular. Era bonita, no deslumbrante, pero seguro que merecía una llamada. Y no lo hice, a pesar de tener ganas de saber que pasaría. Me di el argumento más sencillo del mundo: tengo novia, no debería estar saliendo con otras chicas si sé que no es algo de mera amistad. Puedo ser capaz de muchas cosas, pero hay que tener uno o dos principios en la vida. Recientemente vi que se ha publicado una traducción de ese libro, y cuando leí al respecto, recordé a la chica, a la nota, a la posibilidad que no exploré. No me siento arrepentido de ello, no creo que haya ninguna lógica aceptable que pueda hacerme sentir arrepentido por no haberle llamado, aun cuando mes y medio luego de conocer a esa chica mi relación había terminado. Y es que, por qué arrepentirse de lo que no se hace, si por lo general hay motivos muy válidos para no hacerlo.

Así como no creo necesario arrepentirse de este tipo de cosas, tampoco creo que sea necesario tratar de evadir la realidad de la experiencia que hemos vivido. Digo, el ejemplo de mis ex es bastante práctico para estos fines: al tiempo que niegan a la persona con la que compartieron diversos momentos de su vida, niegan entonces lo que aprendieron en el camino. No es que yo sea alguien de quien se pueda aprender mucho, pero estoy seguro de que algo aporté a sus perspectivas. Mi más reciente ex coincide con todas las anteriores en que soy el Anticristo, para ellas lo soy porque manipulo a las personas. Todas me han acusado de esto, pero sé bien como defenderme, demostrando algo muy sencillo. Todos influimos unos en otros, somos permeables a las miradas de quienes nos rodean, por lo que nos vamos moldeando de acuerdo a qué tanto de influencia gotea sobre las cabezas de nuestros inconscientes, cuando tratan de dormir y ese sonido molesto los hace tener que levantarse para arreglar el problema como se arregla casi siempre, colocando un balde debajo de la filtración, un balde que se llenará y desparramará. Lo que ellas llaman “manipulación”, lo conozco como un simple contacto humano. Si alguien se expone a radiación, el daño será más grave a mayor tiempo de exposición, es obvio.

Entretejimiento de miradas - Imagen pública
Entretejimiento de miradas – Imagen pública

Hay que tomar todo esto de manera sencilla. Somos seres intertextuales, incidiendo unos en otros, entretejiéndonos, hilvanándonos, bordándonos con las imágenes que recuperamos de lo vivido. Cuando nos damos cuenta de ello, tenemos la posibilidad de aceptarlo como un proceso natural o espantarnos y salir corriendo, considerarlo una invasión de los demás en nuestro espacio privado, lo cual genera muchos malentendidos.

Me gusta pensar que, entonces, no soy un manipulador, sino que por el contrario, todas mis relaciones han sido de provecho, pues tanto hubo de entendimiento entre ambas partes, que al final se hicieron insostenibles por los dos lados debido al espanto que es saberse influidos de esa manera por alguien, pues pocas veces aceptamos que otro llega a ser parte de nosotros.

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Un pensamiento en “Ex’s”

  1. Las mujeres solemos matar mentalmente a los hombres después una ruptura emocional, los hombres (según un buen amigo) tienen un mejor método.
    Y todos estamos expuestos a la radioactividad de la influencia mental… a menos, claro, que vivas bajo una piedra, y seas un panda,

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