Trapos sucios - Imagen pública

Los trapos sucios

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

por María  Mañogil

Tengo un pequeño problema con las redes sociales, o tal vez debería decir que las redes sociales tienen un problema conmigo, o más bien, lo tienen algunas personas con las que interactúo a través de ellas.

No hace mucho que soy usuaria de este tipo de redes de comunicación (apenas un año y medio) y en este tiempo he visto un poco de todo, más o menos como en la “vida real”. Desde personas con las que he ido creando poco a poco un vínculo de cariño y confianza lo suficientemente fuerte como para hacerse merecedoras de poder llamarlas amigos(as) y a los que les contaría sin dudar mis secretos más íntimos, hasta personas que, acabadas de conocer, me envían mensajes privados con fotos suyas en ropa interior o ya directamente, ¿para qué perder el tiempo?, en pelotas.

Entre un extremo y otro hay miles de situaciones que podría relatar, pero no tengo ganas en este momento y tampoco me parece tan importante hacerlo. Mientras alguien no haga nada que esté fuera de la legalidad, involucrando, por ejemplo a menores y haya que ponerlo en conocimiento de las autoridades, o que resulte molesto o incómodo para otro (y si es así se le dice, que para eso tenemos la boca y en este caso los dedos), cualquier utilidad que se le dé a una red social me parece bien. ¿Acaso no vestimos como queremos, escuchamos la música que nos gusta y vemos los programas de televisión que nos apetece? Pues con las redes sociales pasa lo mismo; unos las usan para ligar, otros para conocer amigos, otros sólo para temas de trabajo y otros (como yo) vamos alternado algunas de esas cosas según lo que nos interese en cada momento, y en mi caso, dependiendo del estado de ánimo. Así, cuando estoy triste lo pongo en mi Facebook, cuando estoy enfadada también y cuando me siento feliz lo comparto tal y como acostumbro a hacer en mi entorno más cercano y fuera de las redes sociales.

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

Al contrario que otras personas (a las que respeto y, como he dicho antes, me parece bien lo que hagan) yo no tengo en las redes sociales una identidad y una personalidad distinta a la que tengo en mi vida. De hecho, el otro día me dediqué a revisar las infinitas publicaciones que he puesto en Facebook en los últimos meses y no me veo tan diferente a como soy de verdad; mi familia y las personas que me conocen en mi día a día tampoco han notado la diferencia. Realmente soy yo. Excepto algunos detalles que puse a modo de broma, como que me gradué en Hogwarts en la promoción de 1950 y algunas cosas por el estilo, todo lo demás es cierto. Mis pensamientos, mi inestabilidad en el estado de ánimo (variable en cuestión de minutos), mis temores, mis sueños… Todo eso es real y no he sentido en ningún momento la necesidad de fingir otra cosa.

Entiendo perfectamente que hay personas a las que no les gusta difundir ni hablar de temas personales, pero a mí no me importa. Por eso lo hago.

Y ahora viene el problema que, parece ser que estoy causando, y todavía no entiendo el porqué. Yo me dedico a poner canciones que me gustan, a compartir fotos que me hacen gracia o que me parecen interesantes, a difundir las columnas que escribo o que escriben  otras personas, a escribir frases que se me ocurren o que son de otras personas (en este último caso las pongo entre comillas y si lo conozco, añado el nombre de quien la dijo) y también a expresar sentimientos, relatar anécdotas mías, gastar bromas o todo lo que se me ocurra.

No me parece que esté haciendo nada mal. Entonces ¿dónde está el problema? Pues eso mismo me pregunto yo y he llegado a la conclusión de que yo no tengo ninguno, son otras personas las que lo tienen.

El otro día vi una foto que alguien compartió y que decía lo siguiente: “Los trapos sucios van aquí (y se podía ver un cesto de los que se utilizan para poner la ropa sucia) y no aquí (y salía el logotipo de Facebook)”. Bueno, no deja de ser una opinión y no se trata más que de una foto como cualquier otra, con la excepción de que la frase que ponía en la foto me la han dicho a mí innumerables veces, no con esas palabras, pero con otras muy parecidas, aunque mucho más sutiles.

Quiero aclarar que yo, los trapos sucios, en mi casa los pongo donde me da la gana, para eso es mi casa y son mis trapos, por lo tanto, y por el mismo motivo, los puedo ventilar en Facebook cuando quiera (que para eso es mi cuenta), siempre que sean los míos los que ventile y no los de los demás. A mí no me molesta nada de lo que pongan ni de lo que hablen los demás, ni mucho menos me siento identificada con nada, ya que entiendo que, quien quiera decirme algo, me lo dirá a mí personalmente y no mediante indirectas. Las indirectas se pueden pillar o no y, por experiencia propia lo digo, muchas veces se siente identificada con ellas la persona que menos tiene que ver con el tema, mientras que la persona a la que va dirigida, a veces ni siquiera ve la publicación.

Trapos sucios - Imagen pública
Trapos sucios – Imagen pública

Si estoy hablando de esto no es para mandar una indirecta a nadie, ya que a las personas que se dedican a aconsejarme día sí y otro también sobre lo que tengo o no que poner en mi muro de Facebook, ya les he dicho esto mismo en privado y a algunas de ellas, a la cara.

Si escribo hoy sobre este tema es porque me parece interesante y porque, al igual que yo, mucha gente debe estar sufriendo en estos momentos el acoso que supone escuchar una y otra vez la misma lección de moral que hay quienes se dedican a impartir gratuitamente. Cuando yo quiera que me den clases ya las pagaré y me aseguraré antes de que quien las imparta tenga  conocimientos demostrables para ejercer de profesor o de profesora en esa materia, porque para eso debería haber un título y que yo sepa, no lo hay.

A la persona que me enseñe qué es lo que se debe decir o lo que se debe callar en las redes sociales, la elegiré yo cuando lo crea conveniente y, por supuesto deberá demostrarme que está perfectamente cualificada para hacerlo y que sus trapos sucios están bien guardaditos en  un cesto herméticamente cerrado, porque, todo hay que decirlo: que los trapos sucios no se vean no quiere decir que no huelan.

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Un comentario en “Los trapos sucios”

  1. Tómalo como un consejo, en tu casa tienes cortinas, poca gente accede a tu casa, hay intimidad…no se puede comparar con tu muro de facebook. Por otra parte yo publiqué esa figura del cesto porque alguien me hirió sin querer con sus publicaciones de amor…se llama despecho, pero no solo me lastima a mi, incluso su ser querido se expone, ¿Qué tal y yo quisiera hacerle daño, en la vida real, físicamente?… No se gana nada publicando algunas intimidades, pero se corre el riesgo de perder algo, entonces mejor guardar silencio con ciertos temas.

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