4"33 - Imagen pública

Soundtrack

Piano - Imagen pública
Piano – Imagen pública

por José Luis Dávila

Me gusta ser de esas personas que aprecian el silencio en la música, su función, el sentido que le da a toda composición un instante entre notas, entre movimientos, porque la duración de una pieza es el tiempo que transcurre mientras se toca hasta que se escucha: lo que sucede en ese intervalo es la apreciación, la contemplación estética. No nos damos cuenta porque muchas veces estamos tan encandilados de los sonidos que no entendemos que tales no existirían sin el ritmo que proviene de los espacios en blanco dentro del sonido mismo.

Pensar en todo esto es pensar obligadamente en John Cage y su 4”33, que no es otra cosa que la interpretación pura de la música; la música está ahí, donde el silencio se eleva para crear sensaciones en el acto de escuchar, entendiendo que ese mismo silencio es uno de los fragmentos más bellos que se pueden crear, porque sí, el silencio se crea, sobre todo en estos días que hay tanto ruido. Pero si Cage lo propone como una creación indirecta de la mirada –si vemos cómo se interpreta, no necesitamos escucharlo porque ya estamos escuchándolo al verlo ser interpretado–, en lo personal prefiero pensar que mirar no es necesario para nada, al menos con respecto a la música. Es decir, las imágenes que somos ya están en nosotros, basta con cerrar los ojos para percibir que siempre, en cada momento, se está interpretando ese silencio, y somos capaces de escucharlo.

4"33 - Imagen pública
4″33 – Imagen pública

A muchos he visto que les gustaría tener un soundtrack de su vida, una canción que suene en el momento exacto en que cobre sentido dentro de su narrativa cotidiana, y, vaya, ¡quién no quisiera algo así! Lamentablemente no podemos ir al cuarto de edición y agregar a los fotogramas que vivimos esas piezas que darían mayor fuerza a cada instante, sin embargo, lo que sí, lo que somos capaces de hacer, es entender a nuestra vida desde su música propia; al tiempo que atravesamos todo el barullo de la calle, podemos apreciar en sus silencios la forma que va tomando.

Acaso dirán que para eso existen los reproductores portátiles de música (en cualquiera de sus presentaciones), pero éstos cumplen con la función de envolver al escucha en el sonido de otros, abstrayéndolo al punto en que, como decía, ya no es capaz de experienciar al silencio como elemento fundamental para la música, sino como un vacío que da horror cuando se está frente a él.

Pentagrama - Imagen pública
Pentagrama – Imagen pública

En todo caso, esa es la gran ventaja del silencio: es un vacío que podemos intentar llenar, pero hay que saber hacerlo; no se puede solamente atestarlo, verter en él lo que se nos ocurra sólo porque sí, porque no nos gusten esos espacios que quedan, ya que las más de las veces son esos espacios restantes, donde nada aparente está, en los que nace todo.

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