Los Simpson - Fotograma

Ideas are bulletproof y el entretenimiento idiota

Entretenimento - Imagen pública
Entretenimento – Imagen pública

por Andrea. A. Rivas

Siempre he tenido una perspectiva muy aburrida de mirar las formas de entretenimiento. Para desgracia de quienes me acompañan en los momentos de recreación, soy incapaz de separar la realidad de la ficción. Y habría que determinar qué rayos es una cosa y qué es la otra. Como el buen Dumbledore diría: of course it’s happening inside your head, Harry, but why on earth should that mean that it is not real?.

Las formas de ficción, finalmente, surgen de algún lugar donde habita lo real conjugado con el deseo, las sensaciones, las interpretaciones, y de un montón de lugares que -aunque me encantaría- hoy no vamos a explorar. La cosa es que no puedo salir del cine o cerrar un cómic, o sentarme siquiera a ver las caricaturas mientras desayuno, sin encontrar una lista interminable de comentarios, críticas, preguntas, inquietudes, temblores y esa desesperación de que el mundo que está ahí, inventado y absurdo, nos está estrellando ideologías, críticas, verdades e incluso abrazos que el público absorbe sin percatarse de que hay información sin digerir entrando en sus cerebros dispuesta a quedarse estancada como la grasa saturada en las lonjas luego de las fiestas decembrinas.

Los Simpson - Fotograma
Los Simpson – Fotograma

Mucho de lo que aprendemos, lo aprendemos en estos medios. La cultura es cada vez más universal, bien dijo un profesor, que no hay un lugar del mundo que esté a salvo de la sombra de Mickey Mouse. Todos tenemos diversas fuentes de ficción a la mano, y estas figuras van conjugando nuestra percepción de la realidad, nos demos cuenta de ello o no. La figura más coherente de justicia que conocí en mi infancia fue la de Batman. La única amistad incondicional que tuve entre las manos fue la de Harry, Ron y Hermione. Ideales, sí, basados en deseos humanos, pero también en realidades y reflejos de lo que somos.

Una de las cuestiones que más ruido ha hecho en mi mente desde el origen de los tiempos es la de la violencia en caricaturas, películas, cómics… No es una cuestión moralista sobre la violencia. Es una cuestión humana, no sé, percepción escatológica. Yo no puedo mirar, sin que las tripas se me hagan un nudo, esa terrible crueldad que es el Coyote y el Correcaminos. Pobrecito animal cansado, golpeado, moribundo y con un pajarraco molesto burlándose de toda su desgracia. De niña me preguntaba qué sería peor, si el Coyote seguía sufriendo para siempre, o si el Correcaminos debía ser engullido por su perseguidor -lo cual, finalmente, sería natural. La cosa es que estas cuestiones han entretenido a generaciones y generaciones, la cosa es que el dolor es motivo de risa.

Quienes me conocen saben ya de mi eterna queja con las palomitas y el cine. No entiendo cómo alguien es capaz de comer tranquilo en su butaca, piernas cruzadas, dedos enmantequillados, cuando en la pantalla hay filmes donde miseria, violencia y espíritus rotos… No es cosa de que te “espantes”, es que en serio ¿eso les entretiene? Muchas veces me parece que no se hace ni el ademán de digerir lo que miramos. Nos hacemos, poco a poco, inmunes a estas imágenes. Primero las caricaturas, que conforme crecemos van permitiendo más violencia, más degradación; luego los cómics, donde los niveles de sexualidad, de crudeza es creciente, finalmente o simultáneo, o quizá todo en otro orden pero más o menos así, los filmes y la Tv, donde nos acostumbramos a mirar cadáveres, golpes, peleas, balazos, tripas, asesinatos, corrupción, discriminación, violaciones…

Story Detective - Imagen pública
Story Detective – Imagen pública

Sería, por otro lado, terrible un universo donde creciéramos mirando a Dora, la Exploradora, quien detiene al ladrón diciendo “zorro, no te lo lleves”, y al apagar la caja idiota, saliéramos a las calles a un lugar donde todo lo enunciado y re-enunciado, siguiese siendo como es en estos días. No se trata de fingir que no pasa nada ni de ocultar hechos. Estos medios de entretenimiento reflejan nuestra realidad y ese es el punto. Son una interpretación, una reconfiguración de las situaciones propias de nuestro mundo; mirarlos como si fuesen lejanos me parece tan absurdo como presenciar con chicharrines en mano, el asesinato de algún sujeto que salió a comprar abarrotes mientras su sobrino Peter Par… ah, lo mezclé todo. Pero ya me entendieron, ¿no?

Detrás de toda obra hay alguna ideología. Mirar V for Vendetta como la película donde Natalie Portman nos muestra que es la mujer más pinche bonita de todas y olvidar que “ideas are bulletproof”… yo no sé, pero me parece que tantos años de evolución y no sé cuántas cosas, darían para que nuestras mentes hicieran un poquito más cuando aplastamos las nalgas y nos entregamos a los momentos de recreación. Re-creación.

Ideas are bulletproof - Imagen pública
Ideas are bulletproof – Imagen pública

Mi recomendación no es evitar todas estas cosas, claro que no. Me re-encantan los cómics, sí, quiero conocer a Allan Moore y ver de cerca esa barba de mugroso, quiero decirle a Stan Lee que es el viejito más cool del mundo; también quiero que Tarantino me firme un DVD con sus ojos de loco y en fin… Creo que estos genios merecen ser apreciados con una visión que involucre todos los aspectos que sus creaciones abarcan, creo que nosotros merecemos ejercitar tantito la materia gris y aprehender y mirar todas estas ideas de manera crítica porque además, eso, señoras y señores, eso sí es entretenido.

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