Woody Allen - Imagen pública

Yo soy cinéfilo, de tendencia Allen

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

por José Luis Dávila

La primera película de Woody Allen que vi no era precisamente de Woody Allen. Tenía alrededor de diez años, estaba sentado en la cocina a la hora de la comida, como eran todas mis tardes después de haber llegado de la escuela y antes de empezar a hacer la tarea, cuando empezó una película sobre dos viejitos que habían sido amigos pero una pelea años atrás los separó. No me despegué de la silla durante las siguientes dos horas. Lo que más me llamó la atención fue la forma en que se desenvolvía aquél con las gafas de montura pesada y la nariz tan enorme, tan natural, tan arrogante ante la vida; por supuesto que sabía que era sólo una película, por supuesto que sabía que esas no eran realmente las vidas que todas las personas en la pantalla llevaban, para ser conciso, sabía que no existían más allá de la cámara. Y sin embargo, sentí que ese hombrecillo delgaducho, torpe, vergonzoso –pero de carácter sumamente cínico como tratando de compensar todas sus debilidades con ello–, era al menos un poco más real que todos los que lo rodeaban.

Woody Allen - Fotograma de The sunshine boys
Woody Allen – Fotograma de The sunshine boys

Pasaron un par de años hasta que supiera que Woody Allen era Woody Allen. Desde entonces he tratado ver todas sus películas, de tener todas las posibles, de leer todas sus prosas. Definitivamente puede considerarse que soy un admirador de ese hombre. Acaso la película que me confirmó eso, de forma personal, fue Cassandra’s Dream, pero debo decir que cada uno de los films que he visto de él me han ayudado a entender el mundo de modo distinto. No es que sus películas me hayan formado como tal pero sí me han dejado vislumbrar la manera para generar un pensamiento propio, incluso a veces –muy a menudo– demasiado alejado de las mismas ideas por Allen plasmadas. Me explico mejor: todo aquello que incide en nosotros va generando divergencias en la forma que nos relacionamos con el mundo. La cultura que nos rodea es la que define la mitad de la cultura que generamos, la otra mitad debe (al menos, idealmente debería) surgir de nosotros, de los vacíos en aquello que miramos y cómo los llenamos, en caso de que decidamos llenarlos.

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

Hago una introducción como la anterior porque lamentablemente en estos días se ha hablado de Woody Allen en otro sentido que no es el sentido que me gustaría. Las acusaciones en contra del cineasta sobre si hace años abusó o no de la hija adoptiva que tuvo con Mia Farrow, revividas recientemente por la actriz y la misma afectada, no carecen de valor ni pueden ser tomadas a la ligera, pues cualquier tipo de investigación que sea necesaria para aclarar los hechos desestimados por los juzgados desde 1993 debería realizarse. Sin embargo, la forma en que se ha manejado durante la semana todo el caso, demuestra uno de los síndromes que más afectan a cualquier creador: la vida privada es la materia prima para darse a conocer más que el trabajo mismo. Podría apostar a que gran cantidad de gente ignoraba la existencia de Allen como realizador antes de que un escándalo regresara a tener su nombre como protagonista. Evidenciar las fallas morales y éticas (y criminales si así gustan llamarlas) de Allen como un tema de relevancia mediática dentro de la vida cultural, evidencia a su vez la necesidad de los espectadores por ser espectadores no de la obra sino de la figura, remarcando esa palabra “figura” y no la palabra “autor”, que es la que nos debería importar respecto a la participación de Allen en la vida pública de la cultura y no una mitificación de sus actos y problemas privados.

Woody Allen - Imagen pública
Woody Allen – Imagen pública

Sea como sea que se resuelva cualquier escándalo en que Allen se vea envuelto, culpable o no, eso no nos corresponde decidirlo, le corresponde a las autoridades encargadas de ello y, quizá, a las personas más cercanas a él. Juzgarlo como persona es algo que está fuera del alcance de quienes no lo conocemos más que por medio de las pantallas porque no ha incidido en nuestras vidas por ningún otro medio que no sea ese, pero juzgarlo en esas pantallas es algo que sí tenemos derecho de hacer, y en ese caso yo, ateniéndome a ese contexto, como espero que muchos otros hagan, siempre diré: Yo creo en Woody Allen.

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