DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

So Kitsch me

DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

“But you  remember nobody’s perfect and you done will that, maybe one hundred things you gonna have but true love never in the life” – Albertano Santacruz

Tengo la enorme fortuna de vivir en un lugar muy apropiado y estratégico, es raro que utilice el transporte público para desplazarme, la mayoría de los lugares que frecuento o donde quedo para reunirme con mis amigos es muy cerca de casa y si me veo en la necesidad de hacerlo prefiero caminar, a menos que la distancia exceda los seis kilómetros, porque en ese caso uso el transporte público. Era la mañana de un viernes cualquiera, como ciudadana de a pie y después de una incursión medianamente exitosa al sur de esta ciudad, decidí regresar a mi casa tomando una de las “muchas” rutas que te llevan desde el punto en el que yo estaba hacia el centro.

Tomé un autobús como cualquier otro, de esos con motor a propulsión de güiro que no jalan si el chofer no pone alguna cumbia, sonidero o una que otra rola del hit parade del canal grupero. Iba como siempre en la luna, viendo por la ventana puesto que no me gusta platicar con los extraños en el autobús, iba como la mayoría, ocupándome de lo mío cuando de repente, por las potentes bocinas, comenzó a escucharse una tonadita de la que sobresalía el sonido de un teclado Mi Alegría, acompañado de percusiones guitarra y bajo, dando lugar a una voz medio nasal, un tanto desafinada y evidentemente limitada, que decía más o menos así:

♪♫♪“Te vas amor

Si así lo quieres que le voy a hacer

Tu vanidad no te deja entender

que en la pobreza se sabe querer…”♪♫♪

Básicamente su vieja lo mandó al demonio por estar jodido, la canción en un tono melodramático nos da una interpretación libre de aquel dicho que reza “aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión”.

Sí, queridos lectores, iba montada en un bus destartalado, con pocos pasajeros y un chofer que era fan del Buki; fue justo en ese momento cuando la canción llegaba al estribillo, que el señor conductor subió el volumen para que todos nos colmáramos con la “sublime melodía” que nos estaba compartiendo, o quiero pensar que eso fue lo que le pasó por la mente.

EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA
EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA

Nunca me ha gustado el Buki, nunca he entendido que es lo que sus fans encuentran tan genial en ese hombre, quizá sea el parecido con Yisus, la caspa o tal vez la orzuela de su cabello, realmente no lo sé. Luego de escuchar como 3 o 4 éxitos gruperos en la radio, me puse a observar detenidamente el ambiente dentro del autobús: éramos pocos pasajeros,  si acaso unos 10 o 12, de los cuales más de la mitad se emocionó con la música que veníamos escuchando, el resto de nosotros nos pareció algo irrelevante aunque no faltó quien se quejara del mal gusto musical del conductor –juro que no fui yo, lo pensé pero no lo dije, no me gusta hablar con extraños en el autobús–, la cosa fue que de mis observaciones pude concluir un par de cosas. La primera, la oferta musical en la radio es de una pobreza extrema, tan es así que veníamos escuchando una canción que fácil tiene como 25 años y que la hemos escuchado en todos lados porque nos la han metido con calzador. La segunda, al usar el transporte público asumí que los que estábamos ahí éramos de clase media hacia abajo, como yo, ciudadanos de a pie pero lo curioso es que muchos de ellos se empeñaban en demostrar lo contrario. Explico el por qué:

Las damas, señoras muy probablemente oficinistas o empleadas, de aspecto común pero usando bolsos imitación de Michael Kors y Hermes, ese tipo de bolsos de imitación (no piratería) cuestan más de mil pesos, el costo medio de un original MK es de aproximadamente $328 US unos  $4,378.31 M.N. mientras que el costo medio del bolso Hermes original está por encima de los 1300€ así que hagan las cuentas, supongo que su imitación será igual de cara. ¿Por qué motivo una mujer necesitaría un bolso de esos, que además se ve tan corriente y mal hecho, a leguas se ve que es una copia de muy mal gusto? Lo más seguro es que no sea el único que posean y con toda esa lana fácil se abrían podido comprar un vocho o una bicicleta y evitarse la molestia de seguir utilizando transporte público.

Los caballeros, aquí el rango de edad era un poco más diverso porque había chicos muy jóvenes y señores, probablemente la mayoría trabajadores a excepción de tres chicos que traían el uniforme de una preparatoria, empezando por el chofer que traía conectado su iPod a unas bocinas de alcance y potencia muy cabrona (hasta ese momento me percaté que veníamos escuchando un iPod conectado a un sintonizador FM, WTF), el tablero pimpeado con luces de neón y su asiento tapizado en cuero, eso sí, las condiciones del motor y del autobús en general eran lastimosas pero el señor se veía muy cómodo desde su sitio. Con mis compañeros pasajeros la cosa no era muy distinta, de los 6 varones que iban, 5 de ellos usaban tenis, las marcas son lo de menos porque eran varias, pero les puedo asegurar que no eran nada baratos puesto que además usaban como accesorios cintas luminosas, los tres estudiantes a bordo iban metidos en sus tablets, una de ellas sí era de la manzanita; y el caballero restante, quien por cierto iba a un asiento de distancia del mío, estaba ricamente ataviado con botas y cinto piteado, sombrero de mil X como dijera Polo Polo, camisa y pantalones vaqueros, cadena de oro con un águila de alas desplegadas, entre otros accesorios igual de llamativos, a él pude verlo con un poco más de atención porque en algún punto del trayecto recibí una llamada y el sonido de mi teléfono llamo su atención, por lo que volteo a verme, yo le devolví la mirada con un gesto de extrañeza –tampoco me gusta hacer contacto visual con extraños–, lo observaba de reojo y disimuladamente me di cuenta que era un hombre avejentado prematuramente,no tendría más de 40 años pero su aspecto era de un hombre mucho mayor, moreno y de manos callosas contrastando con lo llamativo de sus anillos dorados.

BOLSAS KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
BOLSAS KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Ok, es cierto, a mí no me importa en qué se gaste la gente su dinero, va, pero confieso que esa pequeña muestra me llamó la atención, porque no son casos aislados; pretender algo, aspirar un lujo, aunque sea menor, fingir un estatus distinto al propio y al mismo tiempo emocionarse escuchando una canción ramplona, de acordes elementales y de una pobreza lírica absoluta. Querer ajustarse al llamado “buen gusto” con el salario mínimo, con un trabajo infame y esclavizante que te chupa el alma, adornar el exterior llamativa y “costosamente” para disfrazar la miseria interior, para salir al mundo con sonrisa Colgate y corear la última canción de Romeo Santos porque “está retebonita la letra”, dice la lady Godínez que va tres asientos adelante, mientras se va comiendo una torta de jamón con la servilleta pegada al pan, torta que previamente fue sacada de su bolso imitación MK de aproximadamente $1,500 M.N. Come y tararea mientras se imagina que Mr. Recuros Humanos le hace la “propuesta indecente” y se funden en un apasionado beso de lengua junto al garrafón de agua del pasillo. Vale, que igual la vida amorosa de los otros tampoco me incumbe, pero admitan que ustedes también se cagaron de risa con la imagen.

♪♫♪”en tan pocos días no puedes amarlo
regresa conmigo tienes que intentarlo
agarra tus cosas déjale un escrito
en donde le digas no te necesito”
♪♫♪

Sonaba esa canción en el iPod del conductor, ahora sí como parte su playlist porque el programa de “étsitos del ayer” de la radio había terminado un par de canciones atrás. Pedí mi parada con varias cuadras de anticipación porque el señor conductor iba tan inspirado y casi al borde de las lágrimas cantando, que supuse que a este también lo dejó su vieja y que obvio me iba a bajar donde le diera su gana, porque iba más en la pendeja que yo. Me bajé en una conocida y transitada calle que atraviesa el centro y caminé unas calles hasta llegar a mi casa, nada en el buzón para mí, avanzo unos pasos hacia la escalera y del fondo del patio de la vecindad en la que vivo me llega una melodía familiar:

♪♫♪”Carmen, pero me queda tu retrato,
el lindo pañuelito blanco,
y el rizo de tus cabellos, Carmen,
y el rizo de tus cabellos,
y el rizo de tus cabellos”
♪♫♪

En menos de tres segundos estoy cerrando los ojos y dejándome llevar por el ritmo tropical de la Sonora Dinamita y llevando muy dentro de mi pecho a Carmen, a ella  y al nazareno. La canción se mete a la médula de mis huesos y los obliga a moverse al ritmo cadencioso y repetitivo de la trompeta, el bajo y el bongó; sacando a la chacha que llevo dentro me pongo a bailar mientras subo las escaleras y abro la puerta de mi casa, avanzo y la melodía se desvanece, pero admito que la experiencia me pone de buenas, por un instante se me olvida la razón de mi visita al sur de la ciudad, la indiferencia y la frialdad con la que me trataron en ese lugar después de dos meses de no verme y ni siquiera invitarme a pasar las fiestas de diciembre “en familia”. Bloqueo esa imagen de mi cabeza y la felicidad instantánea que me ofrece la cumbia me desconecta de más cuestionamientos, excepto quizá el que me plantee en el autobús ¿Qué le pasa a toda ese gente que se evade con soluciones y respuestas fáciles?

SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA
SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA

Continuará… 

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