Henry James-Imagen Pública

Volando en descenso

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por Andrea Garza Carbajal

Es la época en que la aristocracia inglesa no tiene mayor preocupación que invitar y ser invitado a lujosas y enormes casas de campo los fines de semana para descansar de la ajetreada Londres. Es 1900, año en que Alas rotas de Henry James será publicado. El autor, testigo cercano de dichos ambientes, comenzará su relato en una de estas reuniones, donde los asistentes pertenecen a la alta sociedad, pero donde también caben las excepciones. En esta casa, dos personajes, las excepciones, tratan de evitarse. No hay un evidente motivo para ello. No sienten animadversión entre sí, todo lo contrario, son viejos conocidos que se profesan algo más que simpatía. Además tienen algunas cosas en común. Una de ellas es que son artistas y ambos, de alguna forma, están solos dentro de la concurrencia. El pintor se mantiene constantemente apartado del resto de las personas. Siente no tener cabida en un sitio así, tampoco lo debería tener ella, se dice a sí mismo, pero por momentos parece lo contrario y esto acaba por disuadirlo de acercarse. Por su parte, la soledad de ella, la escritora, radica en la simulación constante a la que debe recurrir para conservar la apariencia de prosperidad. El distanciamiento se mantendrá durante toda la reunión. Pero los personajes se reencontrarán después y de esta forma reiniciarán la posibilidad que años atrás habían descartado.

 El amor. Del tipo que aparece  en el momento de quebrantamiento, cuando a la persona le queda poca esperanza, y lo que parecía un tropiezo se ha convertido en una larga caída; el amor entonces, podría convertirse en su asidero, una oportunidad para retomar el rumbo… pero eso se vuelve difícil, cuando su sostén, el objeto de su amor, lleva la misma dirección en descenso. Entonces, la caída no se evita, se comparte. Este descenso no  hace alusión a ningún tipo de corrupción o el inicio de un padecimiento mental, en realidad, se refiere al fracaso. Al insuperable, al permanente (su certeza), al que se asimila con dificultad cuando aparece después del éxito y el reconocimiento. El amor se posibilita gracias a ello y, con todo, no significa un triunfo ni un final feliz, simplemente un destino que deja de ser solitario.

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Conforme el relato avanza, los personajes se revelarán el estar en la misma situación precaria, (Una idea latente: El éxito cosechado demasiado pronto a veces resulta peligroso, pues amenaza con la fugacidad y un cese tan estrepitoso como su inicio) mientras las apariencias se derrumban la empatía crece, hay una plena identificación; la idealización del otro, que produjo un distanciamiento de varios años, desaparece y da pie para aceptar la realidad: Ambos están en el declive de sus carreras.

En Alas rotas, la imposibilidad del amor radica en una visión distorsionada de las cosas, cuyos fundamentos son desconocidos. El tratar de aparentar éxito frente al otro, con tal de hacerlo creer que está a su nivel es también una cuestión de orgullo. Renunciar a ese amor por sentir que el otro lo considera insuficiente cuando en realidad piensa lo contrario, parece más de la imaginación, una interpretación incorrecta de la realidad. Desde el inicio, se deja ver un poco de esta distorsión cuando el pintor, dispuesto a saludar a su amiga y creyéndola sola, la encuentra acompañada por un embajador y decide no hablarle, piensa que está en una situación ventajosa en la que él no tiene lugar. Por su parte la escritora, se siente decepcionada por haber sido ignorada por el pintor durante la reunión, y tiene la certeza de que la cree poca cosa para él. Diez años de incomunicación y conclusiones precipitadas, meras suposiciones que se convierten en las razones presentes. La imposibilidad del amor no surge por circunstancias adversas, simplemente por interpretaciones libres de la circunstancia del otro.

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 Finalmente está el otro lado, la alta sociedad en la que los artistas deben desenvolverse. Cubrir las apariencias para seguir en el círculo de los amigos acaudalados, en estos donde la escritora está acostumbrada a ser elogiada por haber escrito gran cantidad de libros, pero no a que alguien mencione haber leído uno de ellos. Relaciones superficiales en las que el interés por el otro radica en una mera cuestión de estatus para ambas partes, porque ni el pintor ni la escritora mejoran su situación económica en esos círculos (todo lo contrario), como tampoco sus amigos adinerados enriquecen lo intelectual. Los personajes dirán que los ricos no sólo afectan su economía, también agotan su imaginación. Lo que les queda a los personajes es hacer una nueva interpretación de las cosas, ahora que el amor es posible, y el fracaso más tangible.

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