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Frozen: La apuesta de Disney por el cambio

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por Jessica Tirado Camacho

Frozen: Una Aventura Congelada presenta la historia de dos hermanas princesas de algún país nórdico que llevan una relación de amistad muy buena; Elsa, la mayor, tiene el poder “mágico” de generar y controlar el hielo, mientras que la menor, Anna, alegre y traviesa, sabe cuán divertido puede ser tener una hermana así.

Sin embargo, un accidente hace que Elsa tenga que esconder sus crecientes poderes de su hermana y del mundo, convirtiéndose así en un secreto custodiado por los padres y sufrido por la niña, incapaz de controlar sus sentimientos y por ende su magia. Así, las puertas del palacio son cerradas, convirtiéndolo en una gran matrushka donde todos viven en un aislamiento personal que empeora cuando en los reyes mueren, ya que las niñas terminan de crecer completamente solas, hasta que sus obligaciones como herederas las obligan a salir al mundo. Entonces empezarán a mostrar todos sus deseos para finalmente demostrar de qué están hechas: Elsa vive con el eterno miedo de que su poder sea un peligro para su reino y Anna busca desesperadamente amar y ser amada.

El segundo acto comienza cuando las dos hermanas enfrentan sus miedos e ilusiones, así como el lado negativo del poder de Elsa es revelado, por lo que huye a la montaña donde cree que no va a dañar a nadie, sin darse cuenta que ha dejado a su reino hundido en un invierno para el que no estaba preparado. Ante esto, Anna se siente culpable, y decide que está obligada a buscar a su hermana y arreglar sus diferencias.

En el camino, Anna se encontrará con Kristoff, un vendedor de hielo que de seguir así el clima, perderá toda fuente de ingresos. Él es la voz de la razón en la película, puesto que la princesa está regida totalmente por el corazón y la intuición, era necesario tener un personaje secundario que mostrará el otro lado de la moneda: es feliz viviendo en soledad, su único compañero es un reno con el que puede “platicar” y compartir todas sus cosas, para equilibrar el relato.

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De ahí en adelante, la soledad pasa de ser un valor negativo a uno aparentemente positivo; Elsa encuentra en ella la libertad y la aceptación de sí misma, lo que complica los planes de su hermana de regresarla al reino y vivir como una familia. Así, el arco dramático irá subiendo y bajando cada vez con más intensidad, regalándonos una excelente película.

En los tiempos modernos, las animaciones Disney ya no tienen la misma aceptación en una sociedad aburrida de princesas en aprietos y galantes príncipes dispuestos a pelear contra dragones para salvarlas; simplemente ese cliché ya fue, lo interesante es que en los últimos años hemos estado viendo cierta transformación gradual en las historias.

Tal vez las primeras luces de esta búsqueda las podemos encontrar en La sirenita (1989), cuando los movimientos feministas tuvieron eco en Disney, y Ariel, aunque aún sigue la premisa de querer casarse y vivir felices para siempre, no es una princesa pasiva, va en busca del príncipe, casualmente (al igual que Frozen con Reina de las nieves) esa película es adaptación de un relato de Hans Christian Andersen, y las coincidencias no terminan ahí: Chris Buck, uno de los directores de Frozen, fue parte del departamento de arte de La sirenita y de Pocahontas (1995), donde también fue guionista, en la cual Disney vuelve a presentar no sólo una princesa audaz, sino que es totalmente independiente. A pesar del éxito de estas cintas, el camino de las nuevas princesas Disney se olvidó hasta La princesa y el sapo (2009), en la que encontramos la primera protagonista de color que hondea con orgullo las virtudes de la mujer moderna. Después de esto nada sería igual, la antigua fórmula seguirá operando en las filas de Disney pero cada vez se nota más la búsqueda de lo nuevo, tal es el caso de Enredados (2010), que tiene elementos de ambas formas narrativas, además de pasar a segundo plano la historia romántica. Tal vez, tratando de seguir la nueva tendencia, junto con Pixar trajo la desastrosa Valiente (2012), la cual simplemente es incapaz de cuajar una historia coherente sin la zona de confort que representa tener una pareja romántica; sin embargo, ese mismo año llegó ¡Rompe, Ralph! (segunda mitad de 2012) y cambió todos los arquetipos/estereotipos y clichés (sí, son cosas diferentes) que se tenían de la historia Disney perfecta, eliminando por completo la historia romántica.

Ahora con Frozen, escrita y co-dirigida por Jennifer Lee, también guionista de ¡Rompe, Ralph!, encontramos una historia con elementos románticos en segundo plano, dejando toda la carga dramática al amor familiar, con lo que puede verse el progreso en el manejo de la nueva “fórmula” que se está cocinando en las películas Disney.

Cuando un guionista escribe una historia siempre piensa en un concepto que gobierna toda la narración, en este caso los dos grandes temas de Frozen son la soledad y el amor familiar; todos los personajes presentan un punto de vista diferente (regularmente opuestos entre sí) pero que se complementan como un todo.

La soledad no es la misma para Elsa, que se esconde por temor a dañar pero que al mismo tiempo descubre en ella la posibilidad de sentirse libre y la posibilidad de aceptarse así misma sin que los otros la juzguen (valor negativo que pasa a positivo), que para Anna, pues es más un castigo que no puede comprender y del que quiere salir sin reparar en los peligros que pueda traer el confiar en cualquier extraño (valor negativo que pasa a más negativo), y finalmente  para Kristoff, que como personaje secundario presenta la parte opuesta (valor positivo).

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La primera parte puede resultar un poco pesada al espectador que no esté acostumbrado a la ópera, puesto que las canciones tienen mucha fuerza en la interpretación y al mismo tiempo la imagen está muy cargada de información, pero esto sólo es en el primer acto, después la narrativa empieza a hacerse más densa y los personajes dejan de cantar para actuar y hablar. Frozen es para aquellos que busquen una historia fresca y poco menos predecible que sus hermanas Disney.

Como dato extra, si bien está muy lejanamente basada en la narración que leemos en Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen, la esencia principal fue conservada, lo que nos habla muy bien del análisis interpretativo Jennifer Lee, de la cual espero sigamos viendo trabajos nuevos.

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Un pensamiento en “Frozen: La apuesta de Disney por el cambio”

  1. Respetó tu opinión, también fue muy interesante leer toda la publicación, sin embargo aunque me gusto la película, para nada la encuentro impredecible y mucho menos una mejor película que Brave.
    En mi opinion la forma en que se resuelve todo queda muy floja y tiene un final que se veía venir desde que el conflicto comienza.
    Esperaba más de un guión que tardo dos años en labrarse. Además que hay muchos elementos que se dejan al aire y bastantes errores de continuidad.
    Gracias por escribir tanto, fue muy interesante leer todo de verdad.

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