Anónimo - Cartel

Todos somos anónimos: sobre la nueva exposición de Arturo Elizondo

Anónimo - Cartel
Anónimo – Cartel

por José Luis Dávila

Sabemos que estamos condenados a ser nada más figuras en el entorno de la mayoría de las personas, como extras para la ambientación de una escena filmada en medio de lo que tiene que verse como una ciudad en movimiento cuando la cámara se enfoca en los protagonistas. Somos, pues, anónimos que deambulan, así como los otros lo son para nosotros, porque cada quien protagoniza su propia cinta. Sin embargo, eso del anonimato, si se piensa un poco, no está tan mal, porque implica que cualquiera puede ser uno mismo visto en los espejos que son los demás sin darse cuenta. Esa es la base de la empatía: saber que otro puede sentir lo que uno sin que sea necesario conocerlo, solamente como una especie de instinto social que se concreta en el “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”, aunque de una manera más profunda, en la cual estamos conectados precisamente por el desconocimiento que tenemos de quienes nos rodean pero más por la innegable cuestión de que a veces también hay que cuestionarse si realmente uno se conoce.

Esta premisa del anonimato está presente en la nueva exposición de Arturo Elizondo, en La Galería Lazcarro, donde el autor no es uno sino todos los que han estado en contacto con las anteriores muestras de Elizondo, quien ha diseñado un proyecto que parte de la idea de que el espectador crea cuando observa, y esas creaciones hay que rescatarlas haciendo que pase  de ser solamente una creación dentro de la mirada a una creación en lo tangible que produzca otras miradas, otras interpretaciones, otro arte.

Anónimo (fragmento de la exposición) - Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri
Anónimo (fragmento de la exposición) – Fotografía por Lizbeth Cervantes Neri

En esta exposición, llamada precisamente Anónimo, podemos encontrar collages, fotografías, pinturas y dibujos que forman una pieza viva, orgánica porque no está hecha de marcos colgados en la pared, sino de las interpretaciones sobre las interpretaciones de los ojos de personas que no sabemos quiénes son, pero que están presentes en los trazos que se forman en el recorrido por las salas del lugar y que de alguna manera ven de regreso a quienes están viendo la obra; porque así es el arte de Arturo Elizondo, no una vía de un solo sentido, sino una con tantos carriles de ida y vuelta como haya personas que quieran transitarla.

¿Acaso eso no es a lo que debería aspirarse siempre, a dar al arte tanto como se ha aprendido de él por medio de la creación propia? No importa realmente si la creación que se devuelve es reconocida, importa que sea una parte de nosotros que está expuesta para quien quiera verla, que servirá para que siga fluyendo la experiencia estética y productiva de, por ejemplo, la obra que Elizondo ofrece a los anónimos que la quieran hacer suya para, en el proceso, apropiársela y ser parte de ella.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s