En tierras bajas

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

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En tierras bajas – imagen pública

Silencio. Hay que acallar los pensamientos. Silencio. Tenemos que aprender a escuchar el desolador lenguaje del tiempo. Silencio. La melancólica prosa de Herta Müller exige enmudecer el mundo para adentrarnos al pueblo de los desposeídos, a la aldea gris de la inocencia olvidada. Silencio. Hay que descender a las tierras bajas donde el sol no penetra y nuestra carreta ya no puede avanzar por el camino cubierto de lodo…

Son quince los cuentos que recoge Herta Müller en su libro titulado En tierras bajas, que publica en el año de 1984. Las narraciones son de extensión breve, a excepción del cuento En tierras bajas que ocupa más de la mitad de la extensión del volumen. Son narraciones sin narración, el hecho tratado se asoma tímidamente en el yermo bosque de una descripción lenta y poética. La prosa posee un fuerte sabor a poesía que modela el tono general del texto. Oraciones pausadas, limpias y que parecen entenderse simultáneamente como versos. Las imágenes que se nos comparten son de intenso carácter onírico:

“Papá es nuestra alma muerta. Papá tiene hoy su día de fiesta y pasa bailando a la orilla del pueblo. […] Papá pega sus muslos contra una nube de damasco negro mientras baila un tango opresivo”. (pág. 146)

Su prosa ultiliza recursos estilísticos de la poesía, como la repetición de palabras y oraciones, uso constante de la metáfora en una estructura minimalista que implica también una personificación de la vida rural en la que viven los personajes.

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Herta Müller

El ambiente onírico se alterna con una descripción precisa y fría de la vida en el campo. Un ambiente íntimo y familiar sirve de marco para cada cuento, en el cual se desarrolla el drama cotidiano de los pequeños hombres sin voz, de los pobladores de un país en medio de la posguerra. La voz de la mujer está siempre presente, es notoria y expresiva, desgarradora y distante. Casi todas son narradoras, en muchas de ellas son niñas que se mueven en un mundo extraño donde cada paso es una revelación, vislumbre de una realidad fragmentada.

Los críticos han insistido en que los campesinos de Müller son los de la dictadura de Ceaucescu en Rumanía, pero lo cierto es que las narraciones (salvo quizá “La oración fúnebre) se encuentran libres de manifestaciones políticas explícitas. Por lo tanto los temas, puede decirse, son de carácter universal. Nos encontramos ante retratos desencarnados y honestos de una sociedad marchita desde la raíz:

“Jugamos a marido y mujer. Yo me meto los dos ovillos de lana verde debajo de la blusa, y Wendel se pega su bigote de lana de oveja verde. Jugamos. Yo lo riño porque está borracho, porque no trae dinero a casa, porque la vaca no tiene pienso, y le digo que es un grandul y un cerdo y un vagabundo y un borracho y un inútil y un granuja y un puñetero y un cabrón. Así es el juego. Me divierte y es fácil jugar. Wendel se queda en silencio”. (pág. 120)

Pese a esto los cuentos no caen en la sátira o en la alegoría de denuncia, su estilo poético refleja una constante exploración del lenguaje y una preocupación sobre la manera adecuada de contar una historia, de pintar una escena.

El libro fue censurado en Rumanía, pero vio a la luz de forma íntegra en Alemania debido a las fuertes críticas que recibió el cuento “El baño suabo”. No nos extraña, no es un libro que resulte cómodo por su honestidad incluso cínica, pero no por ello lo podemos desvalorizar, Herta es una escritora de gran sensibilidad poética que puede pintar obras maestras con sólo un poco de gris y silencio.

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