Abelardo y Eloísa-Especial

Al mundo olvida, por el mundo olvidada

Abelardo y Eloísa-Especial
Abelardo y Eloísa-Especial

por Andrea Garza Carbajal

No es nada nuevo. Un hombre brillante, un filósofo y teólogo, se enamora. La joven no es sólo atractiva físicamente, se distingue por su inteligencia y un grado de preparación poco común para las mujeres de la época. Ella es custodiada por un tío, al que el filósofo engaña, pidiéndole una habitación en su casa con diversos pretextos y ofreciendo a cambio, además de la renta, servir como tutor de su sobrina; su verdadera intención es seducirla. El tío no sospecha, es bien conocida la continencia que guarda este filósofo/teólogo, que para su profesión no es forzoso pero se considera correcto. Ello no impide que inicie un intenso romance con la joven. La pasión se vuelve el centro de sus vidas. Ella se embaraza. Se celebra un matrimonio secreto. Pero tras algunas confusiones, el tío que aún se siente agraviado, decide vengarse mandando a castrar al filósofo. Éste le pide a su esposa que tome los hábitos, y él, de la misma forma ingresa a un monasterio. Tras la abrupta separación lo que queda para ellos es una escasa correspondencia y los recuerdos que vagan entres sombríos espacios de monasterios y el solitario y penoso camino de quien busca la trascendencia y rectitud.

No  pertenece a la ficción. Los amores de estos dos personajes se sitúan en la Francia del siglo XII. Las aportaciones que pudiera haber dado el protagonista a la filosofía y teología a veces resultan menos célebres que la historia de amor, que al haber sido truncada, resulta más impactante. No sólo por la imposibilidad de estar juntos. La renuncia fue casi total. El amor, la maternidad, la sexualidad, el prestigio. De las pocas cosas que a ambos les quedó como refugio de problemas y soledades, más allá del estudio y la devoción religiosa, fueron los recuerdos de aquellas horas en que Abelardo era para Eloísa y Eloísa para Abelardo.

Eloísa amaba a Abelardo. La gran admiración que le despertaba, hizo insistir de manera fervientemente en que no se casasen a pesar del embarazo. Quería conservar la  buena fama de Abelardo y sentir además, que su amor era auténtico y no un deber como se le representaba el matrimonio. Creía que la vida conyugal no era propia de un filósofo y que la relación no se desgastaría al permanecer en el papel de concubina. La joven estaba dispuesta a cualquier tipo de sacrificio. Por lo único que accedió a tomar los hábitos fue para complacer a su esposo, pues sentía una gran devoción por él.

Abelardo y Eloísa-Especial
Abelardo y Eloísa-Especial

Las cartas de Eloísa sirvieron de inspiración para un poema creado algunos siglos después por Alexander Pope titulado Eloisa to Abelard. En él, Eloísa recurre a los recuerdos constantemente anhelando a su vez, el olvido. Los momentos de romance que tuvieron en contraste con la separación brutal, la promesa de amor que aún prevalece, las dudas de si es correspondida o no, son una constante en ambos textos. Quizá lo que más impactó al poeta sea la honestidad y la elocuencia para referir su amor. Fue escrita únicamente para Abelardo, la intimidad y sinceridad estremece al lector, que se vuelve un intruso,  pero que a la vez, confidente e incluso reflejo de cualquiera de las circunstancias que refiere, porque quién no amó alguna vez con tal intensidad o sintió su amor amenazado, quién no recurre a veces a los recuerdos de un buen amor cuando necesita refugiarse en algo, quién no ha dudado alguna vez de éste, o si nada de ello ha ocurrido, entonces a quién no le gustaría amar y ser amado de esa manera. Una o varias circunstancias se sienten vivamente como las escribe Eloísa, por ello quizá sean sus cartas las que más conmueven a Pope  para componer el poema. De éste un fragmento:

“How happy is the blameless vestal’s lot

The world forgetting, by the world forgot

Eternal sunshine of the spotless mind!

Each pray’r accepted, and each wish resign’d”

 

“¡Que dichosa es la suerte de la vestal inocente!

Al mundo olvida, por el mundo es olvidada

¡Eterno resplandor de una mente sin recuerdos!

Cada plegaria aceptada, y cada deseo abandonado”

Alexander Pope

Estos versos que pueden resultar conocidos, son usados en el filme Eterno resplandor de una mente sin recuerdos del cual se habló en la columna anterior. En ellos hay una continuidad, los versos citados en una película del siglo XXI son de un poema del siglo XVIII, inspirados en una epístola de seis siglos atrás. De esta forma la carta de Eloísa escrita en los solitarios recintos de un convento, sigue influyendo a quien escribe este texto, el espectador de una película, el lector de un poema, rebasando el efecto causado al destinatario original de la carta. Tan sólo Abelardo supo lo que sentía en aquellos momentos en que leía esas líneas, tan sólo él podría entender en su entera dimensión lo que era ser Abelardo, el esposo castrado de Eloísa, y ser amado por ella de esa manera. Por nuestra cuenta, conociendo su historia, leyendo las cartas, tal vez nos conmovamos, pero nunca podrá ser completamente entendible la perspectiva de ambos, será una nueva, la nuestra, la que despierte emociones con sus particularidades y los elementos comunes a todos.

El tema del olvido trasciende los versos, rebasa a las epístolas volviéndose ambiguo. El sentimiento es captado en nuevas formas porque el contexto cambia. A veces es rastreado, a veces no. Para efectos del filme, el poema no podría ocupar el papel central a pesar de darle el título porque el contexto es diferente y tan sólo se puede extraer un parte o adaptarlo para hacerlo encajar en la historia sin desvíos, aunque los paralelismos podrían enriquecer la visión del espectador. El poema, por su parte, es una forma bastante más cercana al origen. Sin embargo, el lector podría quedarse únicamente en éste, al igual que en el filme y ello no restaría valor a la apreciación de cualquiera de los dos. Al estar en nuevos contextos, el original podría ser olvidado, ya que tan sólo se consideraría al referente más inmediato. De esta forma, la epístola de Eloísa, sus sentimientos más honestamente expresados serían tapados por producciones no menos valiosas, pero que a fin de cuentas, podrían lanzarla al olvido.

Tumba de Abelardo y Eloísa
Tumba de Abelardo y Eloísa

O por el contrario, cada uno de estos nuevos contextos estaría remitiendo constantemente al original, volviéndose fácil para el espectador o lector acudir a éste. Con cada nueva forma, la historia de la pareja, las epístolas de Eloísa, serían enriquecidas perpetuando su vigencia, volviéndose imposible olvidar. Es cuestión de perspectiva. Pero pareciera que olvido y recuerdo estuviesen en una constante oscilación ocupando sus lugares respectivos, acrecentando, disminuyendo o complementándose.

No es nada nuevo. Muchos siglos atrás, la monja de un convento apartado, recuerda sacrificios hechos por amor, refugiándose en el breve tiempo de la dicha vivida. Aún entonces, ese amor no ha desaparecido y sigue tan intenso como siempre, llenando las horas necesarias, pero esta vez, mezclado con angustia, porque sabe que aquellos  momentos no regresarán jamás.

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